Meloni lo pone sobre la mesa: "El coche definía el símbolo de estatus de las personas. Para los jóvenes, hoy ya no es así"

Giorgia Meloni apunta a un cambio cultural del coche, mientras Italia presiona en Europa para revisar la hoja de ruta y convoca una reunión clave a final de mes.

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Meloni sostiene que, entre los más jóvenes, está cambiando la forma de relacionarse con el coche y lo que consideran aspiracional.
27/01/2026 12:45
Actualizado a 27/01/2026 12:45

Giorgia Meloni trasladó estos días el debate sobre el automóvil a un terreno menos habitual en la política industrial, el cultural. Lo hizo durante su conferencia de prensa de inicio de año en Roma, en una intervención en la que abordó la situación del sector dentro del bloque de crisis industriales que atraviesa Europa.

Su planteamiento parte de una premisa sencilla. La dificultad del automóvil europeo no se explica únicamente por costes, tecnología o normativa, sino también por un cambio en la relación social con el coche, que influye en cómo se compra, se usa y se valora, especialmente en grandes ciudades.

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Meloni ha mostrado en varias ocasiones una postura crítica hacia el rumbo del automóvil.

Europa reajusta la transición eléctrica

La industria vive una transición simultánea a la electrificación, con presión competitiva creciente y con decisiones de inversión que dependen de la demanda real, de la infraestructura y de las reglas del juego en cada mercado. La Comisión Europea ha presentado en los últimos meses medidas para sostener un sector “limpio y competitivo”, reconociendo explícitamente el momento de tensión que atraviesa el ecosistema automovilístico.

En paralelo, Bruselas está moviendo el marco regulatorio. La normativa de CO₂ para turismos y furgonetas fijó una reducción del 100% en 2035, pero el paquete automotriz presentado en diciembre de 2025 incluye una propuesta que introduce más flexibilidad y plantea un objetivo del 90% a partir de 2035, con mecanismos de compensación del 10% restante.

Ese giro ha reactivado la batalla política y empresarial en torno al “cómo” de la transición. Mientras parte del ecosistema eléctrico advierte del riesgo de diluir la señal de mercado, otros actores industriales y varios gobiernos presionan para ampliar el margen de maniobra, en un momento en el que la competencia china y el ritmo desigual de adopción del vehículo eléctrico pesan cada vez más.

En esa discusión, Meloni fue especialmente crítica con el impacto de determinadas decisiones comunitarias. Según explicó, los problemas del sector son en buena medida consecuencia de “elecciones” que ella dice haber cuestionado en Bruselas y que Italia busca corregir, y añadió que las medidas ligadas al Green Deal sobre el automóvil han contribuido a estas crisis industriales.

El Gobierno italiano, de hecho, lleva meses tratando de articular una posición de influencia en Europa. El Ministerio de Empresa y Made in Italy ha defendido una respuesta coordinada con otros países en ámbitos como industrias intensivas en energía y automoción, con reuniones de trabajo en Bruselas para reforzar esa alianza.

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El Gobierno italiano lo resume en una idea clara: "Sin el coche europeo no hay industria europea".

En el plano interno, Roma ha decidido elevar el asunto a prioridad política. El ministro Adolfo Urso convocó para el 30 de enero una “mesa del automóvil” en el MIMIT con regiones, empresas, asociaciones y sindicatos, con el foco puesto tanto en reformas a nivel europeo como en medidas nacionales para sostener producción y empleo.

Urso, además, formuló el mensaje en términos estratégicos. En declaraciones recogidas por agencias y medios italianos, avisó de que “sin el coche” no hay industria europea, enlazando la transición tecnológica con cadena de valor, inversiones y competitividad continental.

El país concentra un tejido de proveedores muy amplio y una industria directamente expuesta a cualquier cambio de mix, desde motores y transmisiones hasta electrónica de potencia, software y baterías, con un efecto inmediato sobre producción y empleo cuando el mercado se desacelera o cuando las marcas reajustan planes.

El coche ya no es un símbolo de estatus

Pero la parte novedosa del discurso de Meloni no está solo en la regulación. Su tesis cultural apunta a que el automóvil ya compite con nuevas prioridades del consumidor, con restricciones locales, con el coste total de propiedad y con alternativas de movilidad, lo que transforma el coche de objeto aspiracional a herramienta funcional en una parte creciente del mercado.

En ese marco, la primera ministra cerró su reflexión con una frase que resume el giro que describe y que funciona como lectura política del momento. “El coche definía el símbolo de estatus de las personas. Para los jóvenes, hoy ya no es así.”