Híbridos y Eléctricos

SECTOR CLAVE EN LA ECONOMÍA ESPAÑOLA

¿Está la industria automovilística española preparada para el coche eléctrico?

Es poco probable que los fabricantes de coches cierren fábricas rentables, y las recientes inversiones en plantas españolas brindan cierta protección, pero la industria en España parece no estar suficientemente preparada para el coche eléctrico.

¿Está la industria automovilística española preparada para el coche eléctrico?
¿Está la industria automovilística española preparada para el coche eléctrico?

La industria automovilística ya tenía, antes de la crisis del coronavirus, desafíos que superar en los próximos tiempos. La mayoría de ellos, aunque no todos, relativos a la transformación que será necesaria para la era del coche eléctrico. El coronavirus ha impactado de lleno en la economía, y por ende en la industria del automóvil, ¿pero cómo saldrá esta parada tras el último revés? ¿Está preparada la industria para el coche eléctrico?

Desde luego, el parón causado por el coronavirus no es lo mejor que le podría haber venido a la industria automovilística española, que ya estaba bajo cierta presión para adaptarse al paradigma del coche eléctrico. Es previsible que, tras esta crisis, el presupuesto de los fabricantes para los próximos años se vea reducido aquí y allá, y España podría ser una las principales perjudicadas.

Aunque España fue el segundo productor europeo de automóviles en 2018, solamente por detrás de Alemania, nuestro país es más precario en algunos aspectos que otros grandes productores europeos como Francia o Reino Unido.

La industria automovilística española se construyó en gran medida gracias a una mano de obra más barata que la de otros países europeos, una ventaja que se ha ido diluyendo con el tiempo a medida que los salarios han ido aumentando y han entrado en escena países como República Checa o Eslovaquia (sin mencionar otros fuera de la Unión Europea, como Turquía o Marruecos). En estos países es más barato producir, lo cual ha provocado que, en los últimos años, hayan conseguido llevarse importantes fábricas nuevas.

Además, a diferencia de otros países productores europeos, apenas existen fabricantes nacionales líderes en la industria (con la honrosa excepción de SEAT, propiedad del Grupo Volkswagen). En esta línea apunta Rafael Guerrero, jefe del sindicato Comisiones Obreras en la fábrica de SEAT: «el hecho de no tener ninguna empresa matriz con sede en España es una desventaja».

Y, sin embargo, el mayor problema es cómo encajará España en los planes de los fabricantes para el coche del futuro, el coche eléctrico. Se corre el riesgo de que los fabricantes de coches confíen en las fábricas españolas para producir modelos de combustión, pero no tanto para fabricar coches eléctricos. Según José López-Tafall, director de ANFAC, «no podemos permitirnos que un cambio como este sea perjudicial para España», añadiendo que el gran cambio tecnológico que estamos viviendo era, antes de esta crisis, un «riesgo a medio plazo» en una industria que ahora necesita «un plan de choque» para recuperarse una vez se haya superado el estado actual.

Según Ian Fletcher, analista de IHS Markit, es poco probable que las marcas cierren fábricas rentables, y las recientes inversiones en plantas españolas para fabricar nuevos modelos eléctricos ofrecen cierta protección. Sin embargo, el coche eléctrico necesita mano de obra con cualificación específica, tanto para el coche como para las baterías, y esta mano de obra es escasa a día de hoy en España en comparación con otros países -también en la enorme red de proveedores y fabricantes de componentes-.

Los principales fabricantes de coches tienden a centrar sus grandes inversiones cerca de casa (la mayor parte del ambicioso plan de Volkswagen para el coche eléctrico se encuentra en Alemania), y en este sentido España podría verse afectada en los cambios estructurales de las compañías. Un país en el que la industria automovilística, con fábricas de Volkswagen, Renault, Ford, Grupo PSA, Nissan y Mercedes, representa alrededor del 9 por ciento de toda la producción industrial española.

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