La idea de fabricar un coche enteramente “hecho en Europa” para proteger a la industria frente a la competencia china ha abierto una profunda brecha entre Bruselas y los principales fabricantes del continente. La iniciativa, impulsada por la Comisión Europea, pretende vincular las ayudas públicas a un alto porcentaje de producción y componentes europeos, pero el sector automovilístico se muestra reticente.
El plan forma parte de la futura Ley de Aceleración Industrial (LAI), defendida por el comisario europeo de estrategia industrial, Stéphane Séjourné, quien ha pedido a empresas y asociaciones que respalden una política de “preferencia europea”.
Un 70% de producción local, en el centro del debate

Según los borradores conocidos, en el caso de los automóviles se habría planteado exigir hasta un 70% de contenido europeo para acceder a subvenciones. La medida busca reducir la dependencia de China, especialmente en áreas estratégicas como baterías y componentes clave.
Sin embargo, la naturaleza global de las cadenas de suministro del automóvil complica la aplicación práctica de este requisito. Muchos de los fabricantes reticentes a la propuesta han evitado firmar el documento ante la falta de claridad sobre qué se considerará exactamente “hecho en Europa”.
División entre fabricantes
Algunas compañías como Renault, Stellantis y Volkswagen han mostrado apoyo en principio a reforzar el ensamblaje y la ingeniería locales, en un contexto marcado por los elevados costes energéticos y laborales en Europa.

No obstante, otras voces dentro del sector advierten de los riesgos. Oliver Zipse, consejero delegado de BMW, ha alertado de que imponer normas complejas de contenido local podría frenar la innovación y restar competitividad frente a rivales globales.
También existe debate sobre si la definición debería ampliarse a países con estrechos vínculos comerciales con la UE, como Reino Unido, Turquía o Japón. Para algunos ejecutivos, excluirlos fragmentaría aún más la base industrial europea.
Retrasos y tensiones políticas
La presentación oficial de la LAI, inicialmente prevista para diciembre, ha sufrido varios retrasos y ahora está programada para finales de febrero. Fuentes externas apuntan a que dentro de la Comisión existen dudas sobre la viabilidad y el alcance de la propuesta.
Más de 1.000 directivos y asociaciones industriales han apoyado la iniciativa, entre ellos el proveedor europeo Clepa, el grupo industrial Thyssenkrupp y Michelin. Sin embargo, el sector del automóvil es el que más reservas ha mostrado.
Desde la Comisión se insiste en que la reticencia no implica un rechazo frontal a la preferencia europea, sino una postura cautelosa ante un texto aún en evolución.
El trasfondo: frenar a China
El debate refleja la tensión entre proteger la industria local y mantener la competitividad global. Francia ha sido tradicionalmente partidaria de reforzar el contenido europeo, mientras que Alemania y los países nórdicos, con mercados más abiertos, se muestran más escépticos.
En un momento en que los fabricantes chinos ganan cuota en Europa con modelos más baratos, la pregunta de fondo es si imponer cuotas de contenido local fortalecerá la industria o la hará menos flexible en un mercado cada vez más globalizado.