Después de valer 10.100.000.000 € y trabajar con Audi, Mercedes-Benz o Volvo, quiebra la empresa que iba a liderar el coche autónomo

El colapso de Luminar, proveedor de LiDAR para marcas premium, refleja el frenazo en la inversión en conducción autónoma y el giro de la industria hacia proyectos rentables.

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Austin Russell, emprendedor estadounidense y fundador de Luminar Technologies.
16/01/2026 14:30
Actualizado a 16/01/2026 14:30

Luminar Technologies, uno de los nombres más emblemáticos del auge del coche autónomo y proveedor de sensores LiDAR para marcas como Volvo, Mercedes-Benz o Audi, se ha acogido a la bancarrota en Estados Unidos tras perder su principal contrato y quedar estrangulada por la deuda y la falta de liquidez. La compañía, que llegó a valer en Bolsa más de 10.000 millones de euros en plena fiebre por la conducción autónoma, afronta ahora un proceso de bancarrota.

El pasado 15 de diciembre de 2025, Luminar presentó voluntariamente concurso de acreedores en el Tribunal de Quiebras del Distrito Sur de Texas. En su petición declaró activos por entre unos 92 y 460 millones de euros y pasivos de entre aproximadamente 460 y 920 millones de euros, y anunció que entra en protección judicial con el apoyo de más del 90 % de sus bonistas de primer y segundo rango. El objetivo declarado no es reestructurarse para seguir en solitario, sino completar la venta de su negocio de LiDAR y de su filial de semiconductores a lo largo de las próximas semanas.

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Luminar ha suministrado LiDAR a Volvo, Mercedes-Benz, Polestar o Audi.

¿Por qué Luminar ha tenido este triste final?

Luminar Technologies nació en 2012, de la mano de Austin Russell, un emprendedor que abandonó Stanford con una beca de la fundación de Peter Thiel para desarrollar una nueva generación de sensores láser. Luminar saltó a la fama al anunciar acuerdos para suministrar LiDAR a Volvo, Mercedes-Benz, Polestar, Audi y otros fabricantes, y en 2020 salió a Bolsa mediante una fusión con una SPAC que convirtió a Russell en multimillonario con sólo 25 años. El mercado compró la promesa: en 2021, su capitalización llegó a situarse en el entorno de los 11.000 millones de dólares, unos 10.100 millones de euros.

Detrás del escaparate, sin embargo, los números nunca cuadraron. Luminar acumuló pérdidas netas de más de 1.300 millones de dólares en su primera década de vida, en torno a 1.200 millones de euros de pérdidas acumuladas hasta 2022, y siguió quemando caja a gran velocidad. En 2022 declaró ingresos de apenas 40,7 millones de dólares frente a unas pérdidas de 445,9 millones, y a finales de 2022 su déficit acumulado superaba precisamente esos 1,3 miles de millones de dólares.

A esa fragilidad financiera se sumó una crisis de gobierno corporativo. En mayo de 2025, el consejo forzó la dimisión de Austin Russell como consejero delegado y presidente tras una investigación interna de ética y conducta; Russell se mantuvo sólo como consejero. El nuevo CEO, Paul Ricci, emprendió varias rondas de despidos que recortaron la plantilla en torno a un 30 % desde 2024, mientras la empresa advertía a los inversores de que su posición de caja empezaba a ser crítica y afrontaba incluso el riesgo de ser excluida del Nasdaq.

El golpe definitivo llegó a final de año. En noviembre de 2025, Volvo comunicó oficialmente la rescisión del acuerdo marco firmado en 2020 para equipar de serie los sensores LiDAR de Luminar en modelos como los SUV eléctricos EX90 y ES90 a partir de 2026. El fabricante justificó la decisión por “riesgos en la cadena de suministro” y por “incumplimiento de obligaciones contractuales” por parte de su proveedor, incluyendo problemas para suministrar el hardware en los plazos pactados. Otras alianzas, como las que Luminar había anunciado en su día con Mercedes-Benz o Polestar, también se habían ido enfriando.

En ese contexto, la dirección de Luminar avisó a los inversores a finales de octubre de que la empresa podía quedarse sin liquidez a principios de 2026. Distintas bases de datos financieras situaban ya entonces su deuda financiera en el entorno de los 450 millones de dólares, es decir, unos 415 millones de euros, mientras la propia compañía reconocía que su caja y activos líquidos rondaban apenas los 74 millones de dólares, cerca de 68 millones de euros. Incapaz de refinanciarse y con unos bonistas cada vez más impacientes, la empresa, finalmente, quebró.

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Volvo rescindió el acuerdo que tennía con Luminar recientemente.

El plan de bancarrota presentado el 30 de diciembre contempla además que Luminar pueda usar 25 millones de dólares (unos 23 millones de euros) de efectivo, que antes estaban pignorados como garantía, para financiar sus operaciones mientras dura el proceso de venta. Una vez cerrada la desinversión de LSI y del negocio principal de LiDAR, la compañía prevé liquidar el resto de activos y desaparecer como sociedad cotizada, dejando a los accionistas prácticamente sin valor.

El fundador tampoco ha desaparecido del todo del relato. En otoño de 2025, Austin Russell intentó recomprar Luminar a través de una nueva sociedad, Russell AI Labs, constituida junto al director de tecnología de Mercedes-Benz, Markus Schäfer, y a un exsocio de SoftBank. Esa maniobra no llegó a concretarse antes de la bancarrota y, según documentos recientes del caso, la propia Luminar ha intentado citarle judicialmente para recabar información de su teléfono móvil, en el marco de las posibles acciones legales relacionadas con la investigación ética que acabó con su salida.

La caída de Luminar tiene un fuerte componente simbólico, ya que, durante años, la compañía fue el ejemplo de cómo la promesa del coche autónomo y de los vehículos eléctricos de alta gama podía justificar valoraciones multimillonarias para proveedores de sensores. Hoy, su bancarrota ilustra el enfriamiento de la inversión en conducción autónoma, la creciente competencia de rivales y la prioridad de los grandes grupos automovilísticos por proyectos con retorno claro a corto y medio plazo.