Hay una ciudad española que ha arrancado 2026 sin estacionamiento regulado ORA, lo que en la práctica supone que ya no es necesario pagar ni respetar el límite de tiempo en las antiguas plazas de “zona azul”. La medida entró en vigor el 1 de enero como un cambio orientado a “mejorar la movilidad”, tras más de tres décadas con este sistema en la ciudad.
El acalde de la ciudad ha justificado la supresión con una mezcla de argumentos urbanísticos y de comportamiento. Por un lado, asegura que la implantación original “no fue óptima” y que el cambio en las ciudades hacia más espacios peatonales y de acceso restringido ha ido dejando al sistema descolocado.

Adiós a los parquímetros
Hablamos de Ourense, y su alcalde, Gonzalo Pérez Jácome, que sostiene que la ORA generaba “tráfico de agitación” de conductores buscando sitio y que, con el pago por la aplicación, tampoco se lograba la rotación porque había usuarios que abonaban y dejaban el coche todo el día. En esa línea, ha defendido que eliminarla ayudará a “cambiar los hábitos para bien y quitar malos vicios”, y ha insistido en que debería empujar a parte de la población a usar más el autobús en desplazamientos cortos.
El Ayuntamiento también ha avanzado que el nuevo escenario irá acompañado de ajustes, especialmente con más zonas de carga y descarga para atender el aumento del reparto urbano y evitar maniobras y estacionamientos indebidos en aceras. En su relato, la caída de la ORA era “necesaria” porque buena parte de las plazas originales han quedado dentro de áreas peatonales o de uso restringido, y porque el sistema, tal y como estaba, se había convertido “en un aparcamiento de superficie” más que en un mecanismo de rotación.
Medios locales han reflejado preocupación por una consecuencia típica cuando desaparece la regulación sin alternativas claras, que es la reducción de rotación y el efecto “aparcamiento de larga estancia” en superficie, algo que puede complicar la vida diaria en zonas céntricas. También se han señalado dudas prácticas, como qué ocurre con los saldos cargados en aplicaciones de pago, y la falta de plazas disuasorias suficientes si aumenta la presión sobre el aparcamiento en calle.
En las primeras semanas tras el cambio, la oposición ha criticado lo que describe como un aumento del “caos circulatorio” y del coche dando vueltas para aparcar lo más cerca posible, con el consiguiente impacto en atascos y emisiones. En esa crítica aparece un argumento especialmente relevante para una ciudad que, como muchas otras, encara el reto de rebajar tráfico y contaminación en el centro.

En paralelo, la supresión de la ORA también tiene arista administrativa. Según El Confidencial, el gobierno local optó por no renovar la concesión del servicio a Doal y plantea reconvertir parte de los espacios a carga y descarga, mientras que se menciona el ajuste laboral ligado a la desaparición del servicio. Otros medios, como El Debate, añaden que la exconcesionaria reclama una indemnización, lo que podría acabar judicializándose y trasladando parte del debate a los tribunales.
Conviene aclarar que, en Ourense, lo que se ha suprimido es el sistema y, por tanto, los parquímetros se quedan sin utilidad. Ahora, lo habitual es que el centro se llene de coches estacionados durante horas y aumente la circulación de búsqueda, algo que penaliza consumo, ruido y emisiones locales. Lo que está claro es que la ciudad gallega se ha convertido en uno de los casos más llamativos de 2026 en España en la batalla entre aparcamiento regulado, hábitos de uso del coche y transición hacia una movilidad con menos emisiones.
