En respuesta a la escasez de suelo y al aumento de la demanda de movilidad eléctrica, Hong Kong ha acelerado una apuesta práctica: convertir espacio infrautilizado como vertederos restaurados, embalses con instalaciones flotantes y cubiertas industriales plantas de generación fotovoltaica con vocación directa de servicio a la movilidad eléctrica urbana.
Proyectos, como la granja solar privada sobre el vertedero del South East New Territories (Tseung Kwan O), prevén generar alrededor de 1,2 millones de kWh al año, mientras que el plan de la Autoridad de Aguas incluye un gran proyecto flotante de 5 MW en Plover Cove diseñado para reducir la huella energética de instalaciones de bombeo y tratamiento.

Destino, la movilidad eléctrica
Para el sector del vehículo eléctrico, estas iniciativas ofrecen una oportunidad concreta: acercar la generación al punto de consumo y bajar costes operativos de flotas, taxis y servicios de reparto. En la práctica, la energía renovable generada in situ puede alimentar puntos de recarga lenta y rápida instalados dentro de los propios parques solares o en aparcamientos colindantes, reducir las pérdidas de transporte y aliviar la presión sobre la red en horas punta.
Además, operadores energéticos y gestores de flotas ya exploran contratos de suministro renovable (PPA) que aseguren precio estable y previsibilidad para grandes consumidores eléctricos, incluidos los gestores de flotas de reparto y las cooperativas de taxis.
No obstante, el potencial real depende de factores técnicos y de planificación. La electricidad producida por el proyecto en Tseung Kwan O equivale al consumo anual de unas pocas centenas de hogares; es una contribución útil pero modesta frente a la demanda global de la ciudad, donde el número de cargadores públicos a finales de 2024 rondaba los 10.000l y las autoridades prevén incrementar notablemente las plazas de recarga en los próximos años.
Esa brecha exige que los parques solares se integren en una estrategia más amplia: electrificación de flotas, soluciones de almacenamiento (baterías) para gestionar picos y acuerdos con distribuidores para priorizar carga de flotas en momentos valle.
Los retos técnicos son claros: la intermitencia solar obliga a combinar generación con almacenamiento o con la flexibilidad del propio consumo de las flotas; los proyectos flotantes deben diseñarse para soportar condiciones meteorológicas extremas (como tifones) y minimizar impactos sobre la calidad del agua. Las instalaciones sobre vertederos precisan estructuras adaptadas a suelos inestables y protocolos de supervisión ambiental.
A nivel regulatorio y económico, la viabilidad depende de incentivos, de modelos de negocio público-privados y de esquemas de remuneración que permitan a promotores y operadores de movilidad amortizar inversiones en puntos de recarga y equipos de gestión energética.

Para flotas urbanas (taxis, VTC, transporte escolar y reparto de última milla) la combinación puede ser transformadora: tarifas energéticas más bajas y previsibles, posibilidad de carga nocturna con excedentes, y menor huella de carbono por kilómetro.
Proyectos piloto y contratos con operadores eléctricos, como los que ya despliegan empresas locales, muestran que la sinergia entre solar local y redes de recarga organizada reduce el coste total de operar un vehículos eléctrico frente a un térmico, especialmente en vehículos de uso intensivo.
Pero la escala es crucial: un solo parque solar no es suficiente; lo es la suma de múltiples micro proyectos distribuidos que funcionen como nodos de recarga para barrios o polígonos logísticos.
La limitación de suelo no impide la expansión de las renovables si se adopta creatividad en el uso del territorio y se integran políticas de movilidad. Sin embargo, para que el modelo pase de “prueba de concepto” a herramienta real de descarbonización del transporte se requieren inversiones en almacenamiento, regulaciones claras sobre consumo prioritario para flotas, marcos de reciclaje de paneles y estrategias de financiación público-privada que reduzcan el riesgo para inversores.
Si se articulan estas piezas, Hong Kong podría convertir sus vertederos y embalses en centros de recarga distribuidos que hagan más asequible y eficiente la electrificación del transporte urbano.