España quiere blindar su hoja de ruta hacia el coche eléctrico y mandar un mensaje de continuidad a fabricantes e inversores en un momento de dudas en otros mercados. El secretario de Estado de Industria, Jordi García Brustenga, defendió que el Plan Auto 2030 ofrece “una señal de estabilidad” a favor de la electrificación frente a “algunos importantes actores mundiales como Estados Unidos” que, según su planteamiento, estarían dando pasos atrás.
En esa misma intervención subrayó el compromiso político del Ejecutivo con una frase rotunda: “Nosotros estamos por la electrificación y seguiremos dando pasos en los próximos años en esta obsesión”.

Electrificación como transformación industrial
García Brustenga quiso ampliar el foco más allá del producto y situar la electrificación como una reconversión de la industria. En su discurso, electrificar no se limita a fabricar un coche sostenible, sino a preparar capacidades, procesos y tecnología para el vehículo del futuro.
En ese contexto, el secretario de Estado insistió en que el Gobierno mantendrá el rumbo en los próximos años. “Desde el Gobierno vamos a ir con esta certeza durante los próximos años”, aseguró, en un mensaje de continuidad que busca reducir la incertidumbre en un sector inmerso en grandes inversiones.
El planteamiento de Industria también incluyó una apelación directa a convivir con los nuevos protagonistas del mercado. García Brustenga llamó a colaborar con los nuevos jugadores del ecosistema del automóvil, y citó de forma expresa a los competidores chinos, con los que la industria ya está invirtiendo.
Con el objetivo de sostener la competitividad, recordó que el Plan Auto 2030 contempla un apartado para que esos competidores puedan acogerse a inversiones en la cadena de valor en España. La idea, según trasladó, es canalizar parte de ese interés hacia el tejido industrial local.
Ahora bien, el mensaje del Ejecutivo no fue el de abrir la puerta sin condiciones. García Brustenga afirmó que la posición del Gobierno es acoger esas inversiones “y hacerlo bien”, evitando una lógica de autorizaciones rápidas sin exigencias y apostando por acuerdos con retornos claros.

En esa línea, defendió que deben existir contraprestaciones que aporten ventajas a ambas partes y que refuercen el impacto en el país. “Es importante que estos competidores cuenten con la cadena de valor, la tecnología y la mano de obra españolas”, explicó, vinculando la llegada de capital y proyectos a la integración en el ecosistema industrial nacional.
Por último, el secretario de Estado defendió que los PERTES pasen a ser un elemento estructural de la política industrial y pidió al sector colaborar para “definirlos y diseñarlos bien”. Todo ello, añadió, bajo el paraguas europeo de impulsar una política industrial “para todos”, con el objetivo de sostener inversión, empleo y capacidades en el tránsito hacia la electrificación.
