Los datos de inversión en proyectos de baterías ponen a España y Estados Unidos como líderes indiscutibles del mercado global de sistemas de almacenamiento energético a gran escala (BESS), una infraestructura considerada crucial para la estabilidad de la red y, por ende, para garantizar la viabilidad del vehículo eléctrico. Esta estrategia sitúa a nuestro país en una posición ventajosa esencial para el desarrollo de la movilidad sostenible.
Según un informe reciente elaborado por la consultora EY publicada en Expansión, España ocupa ya el segundo puesto mundial en la cartera de proyectos de almacenamiento de energía, solo por detrás de Estados Unidos, que ostenta el liderato. Esta posición no es casual, sino fruto de un ambicioso despliegue que busca sincronizar el sistema eléctrico nacional con el ingente crecimiento de las fuentes de energía renovables, como la eólica y la fotovoltaica.

Una inversión de futuro
El informe destaca que, a nivel global, los proyectos de BESS suman ya cerca de 30.000 megavatios (MW) de capacidad. Dentro de este contexto, la previsión para España es meteórica: Los proyectos aprobados para la creación de sistemas de almacenamiento de baterías suman 16.000 MW en 2030, lo que representa un 29% del total.
Pero la hoja precisión del Gobierno en el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) tiene como objetivo elevar estas cifras hasta los 22.550 MW combinando las baterías con el bombeo hidroeléctrico y las soluciones térmicas asociadas.
El almacenamiento de energía puede parecer un concepto técnico distante. Sin embargo, su relevancia es absoluta y directa. La electrificación de la movilidad exige una red eléctrica robusta, estable y, sobre todo, capaz de gestionar picos de demanda repentinos y elevados, especialmente los generados por las estaciones de recarga ultrarrápida.
Los sistemas BESS actúan como amortiguadores energéticos. Cuando la demanda de electricidad para, por ejemplo, alimentar un punto de recarga de 350 kW es alta, o cuando la producción renovable es intermitente (si las nubes cubren un parque solar), el BESS entra en acción. El sistema inyecta o absorbe energía de manera inmediata para mantener la calidad y la tensión de la red.
En términos sencillos: sin una gestión eficiente a través del almacenamiento, el crecimiento exponencial de los vehículos eléctricos (y la consecuente necesidad de puntos de recarga rápidos en autopistas y ciudades) podría provocar desequilibrios o, en el peor de los casos, fallos en el suministro a nivel local. El almacenamiento garantiza, por tanto, una recarga rápida y fiable, alimentada con energía limpia.

La estrategia para una década
La estrategia del Gobierno español, impulsada por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), ha sido clave para desbloquear este potencial. Las baterías ya no se conciben únicamente como un recurso de respaldo para evitar apagones, sino como un elemento dinamizador para la integración total de las energías renovables, una condición indispensable para que el parque de vehículos eléctricos pueda ser verdaderamente "cero emisiones".
Esta visión está generando un efecto dominó en el sector industrial. Para las energías renovables se proyecta un crecimiento del 62% de su capacidad instalada de aquí a 2050, una expansión en la que las grandes compañías energéticas españolas están jugando un papel protagonista.
Una parte de la cifra prevista para 2030 figura en el plan del Ministerio, que tiene prevista la inversión de 750 millones de euros para la producción de baterías que, junto a los 699 de fondos europeos permitirán alcanzar hasta 3.500 MW.
El sector no solo se enfoca en las grandes plantas. Si bien los sistemas de almacenamiento a escala de red son prioritarios, la tecnología también se está haciendo más asequible a nivel industrial y comercial, lo que permitirá a los centros de logística, a las flotas de reparto electrificadas o a las electrolineras gestionar su propia energía, cargando las baterías cuando la electricidad es barata (y renovable) y usándola en los momentos de máxima exigencia.