El Gobierno de Donald Trump ha mostrado su rechazo frontal a un posible acuerdo entre Ford y el fabricante chino BYD para el suministro de baterías destinadas a coches híbridos que se producirían fuera de Estados Unidos. La operación, aún en fase preliminar, ha encendido las alarmas en Washington por el impacto que podría tener en la cadena de suministro industrial estadounidense y en la competencia global del vehículo electrificado.
Según fuentes cercanas a las conversaciones citadas por The Wall Street Journal, las negociaciones siguen abiertas y no existe ninguna garantía de que lleguen a materializarse. Sin embargo, el mero planteamiento del acuerdo ha sido suficiente para provocar una dura reacción desde el entorno del presidente estadounidense.
Acusaciones de competencia desleal

El asesor de Comercio de la Casa Blanca, Peter Navarro, ha sido especialmente crítico con la iniciativa. En declaraciones contundentes, ha acusado a BYD de ser un depredador de precios cuyo objetivo último sería controlar la producción mundial de vehículos eléctricos e híbridos.
“¿Ya se olvidó Ford de la extorsión de las tierras raras? BYD es un niño depredador de precios”, ha cuestionado Navarro, en referencia a la dependencia histórica de China de materiales clave para la industria tecnológica y automovilística. Para el asesor, permitir que BYD suministre componentes estratégicos supondría reforzar a un competidor directo y debilitar la autonomía industrial de Estados Unidos.
Un contexto de debilidad del mercado eléctrico
El posible acuerdo se produce en un momento delicado para el sector del automóvil en Estados Unidos. La demanda de vehículos eléctricos ha caído de forma notable en los últimos meses, obligando a varios fabricantes a revisar sus planes de electrificación y a apostar con más fuerza por tecnologías intermedias como los híbridos.

En este escenario, BYD ha demostrado una capacidad industrial y tecnológica creciente, consolidándose como uno de los mayores productores de vehículos electrificados del mundo. Precisamente esa fortaleza es la que genera inquietud en Washington, que ve en la compañía china una amenaza estratégica a largo plazo.
Riesgos para la cadena de suministro estadounidense
Navarro ha insistido en que una alianza de este tipo permitiría a BYD reforzar su posición en la cadena global de suministro, aumentando la vulnerabilidad de Estados Unidos frente a decisiones tomadas desde Pekín. “¿Qué podría salir mal?”, ha ironizado el asesor, dejando claro que, a su juicio, los riesgos superan con creces los posibles beneficios económicos para Ford.
Además, el responsable de Comercio ha advertido de que un movimiento así podría reordenar el equilibrio competitivo del sector, situando a BYD en una posición ventajosa incluso frente a Tesla, actualmente el principal referente estadounidense del coche eléctrico.
Ford, en silencio
Por el momento, Ford no ha realizado comentarios oficiales sobre las negociaciones ni sobre las críticas del Gobierno. La compañía atraviesa una fase de reajuste estratégico, marcada por la necesidad de reducir costes, adaptarse a la evolución del mercado y mantener su competitividad frente a fabricantes chinos cada vez más agresivos en precios y tecnología.
Mientras tanto, el debate vuelve a poner de relieve la tensión entre globalización industrial y seguridad económica, un asunto que promete seguir marcando la política comercial estadounidense en los próximos meses.