Durante meses, llamó la atención que Elon Musk evitara pronunciarse sobre la política arancelaria de Estados Unidos impulsada por Donald Trump. Resultaba especialmente llamativo porque el propio Musk había sido muy crítico con medidas similares adoptadas por la Unión Europea contra los coches eléctricos chinos. Sin embargo, esa contención no duró para siempre.
El CEO de Tesla terminó explotando públicamente contra los aranceles estadounidenses, señalando que estaban causando un daño real a su empresa y al conjunto del sector tecnológico. El detonante fue el impacto directo de estas tasas en la cadena de suministro global de Tesla, altamente dependiente de componentes fabricados fuera de Estados Unidos.
Musk y su defensa histórica del libre comercio

Elon Musk se ha definido en numerosas ocasiones como un firme defensor del libre comercio. Desde su punto de vista, la innovación tecnológica y la competitividad industrial solo prosperan en un entorno de mercados abiertos, donde las empresas puedan acceder a los mejores componentes al menor coste posible, independientemente de su país de origen.
Según Musk, los aranceles no solo encarecen los vehículos eléctricos, sino que provocan represalias comerciales por parte de socios clave como China o la Unión Europea. Estas respuestas afectan de lleno a Tesla, que opera fábricas y mercados en varios continentes y depende de un flujo constante de piezas y materias primas.
El choque con la Administración Trump
La tensión estalló de forma pública con Peter Navarro, uno de los principales ideólogos de la política arancelaria de Donald Trump. En una entrevista, Navarro minimizó las críticas de Musk con comentarios despectivos, asegurando que Tesla no era un fabricante “real”, sino un mero ensamblador que buscaba piezas extranjeras baratas.

La respuesta de Musk no se hizo esperar. A través de la red social X, calificó a Navarro de forma contundente, con insultos (“imbécil”, entre otros) que rápidamente se viralizaron y reavivaron el debate sobre el proteccionismo frente al libre comercio en Estados Unidos.
Un papel político cada vez más incómodo
Musk había sido elegido por Trump como asesor, lo que explica en parte su silencio inicial. No obstante, el creciente conflicto entre sus intereses empresariales y la política comercial de la Administración acabó por volverse insostenible. Aunque desde la Casa Blanca se intentó restar importancia al enfrentamiento, el papel de Musk como asesor se fue diluyendo progresivamente.
Para muchos analistas, este episodio demuestra las dificultades de compatibilizar la dirección de una multinacional tecnológica con un rol político en un gobierno de corte proteccionista. En el caso de Tesla, la exposición internacional es tan grande que cualquier barrera comercial tiene un impacto inmediato.
Más allá de Tesla: un debate estratégico
El enfrentamiento no es solo personal. Refleja una tensión más amplia entre las políticas proteccionistas y las necesidades de las grandes empresas tecnológicas y automovilísticas, que operan en cadenas de valor globales. En el sector del vehículo eléctrico, donde China domina baterías y componentes clave, cerrar fronteras puede suponer una pérdida de competitividad frente a rivales internacionales.
Además, la polémica ha tenido un coste reputacional para Tesla, alimentando la percepción de que las decisiones y declaraciones de Musk influyen directamente en la imagen de la marca.
Elon Musk ha dejado claro que, más allá de afinidades políticas, su prioridad es proteger a Tesla y a la industria tecnológica mediante el libre comercio. Su enfrentamiento con los defensores de los aranceles evidencia que la globalización sigue siendo un pilar clave para el desarrollo del coche eléctrico, incluso en un contexto de crecientes tensiones geopolíticas.