El tablero geopolítico y comercial de la automoción ha vivido un capítulo decisivo para la industria española. Tras meses de intensas negociaciones en Bruselas, el Grupo Volkswagen ha logrado lo que parecía imposible: una exención total de los aranceles adicionales para el CUPRA Tavascan. El SUV eléctrico, diseñado en Martorell pero fabricado en la planta china de Anhui, se encontraba en el centro de una tormenta de aranceles que amenazaba con hundirlo.
La importancia de esta noticia no es solo económica, sino de supervivencia de un modelo que no ha tenido la mejor de las bienvenidas, sobre todo, por el precio. Los aranceles fijados por Bruselas en el último tercio de 2024 han causado estragos. Con el acuerdo ahora alcanzado, el Tavascan podrá entrar en territorio comunitario sin el recargo del 20,7% que se aplicaba anteriormente, eliminando un obstáculo que ponía en riesgo su futuro y, de paso, la estrategia eléctrica de la compañía.

Una exención cargada de condiciones
La exención no ha llegado como un regalo, sino como un pacto de caballeros bajo condiciones muy estrictas. La Comisión Europea ha aceptado el compromiso voluntario de Volkswagen (Anhui) y Seat S.A. basado en un modelo de precio mínimo de importación. Esto significa que el CUPRA Tavascan podrá venderse en Europa sin aranceles siempre y cuando su precio no baje de un suelo determinado, garantizando así que no perjudique a la industria local por una competencia desleal de costes.
Además del factor precio, el acuerdo incluye otras dos cláusulas fundamentales para equilibrar la balanza comercial:
- Cuotas anuales de importación: Volkswagen se compromete a limitar el número de unidades del Tavascan que entran en el mercado europeo para evitar una saturación.
- Inversiones en la UE: El fabricante deberá mantener hitos de inversión en proyectos de movilidad eléctrica dentro de la Unión Europea.
- Seguimiento estricto: El incumplimiento de estas condiciones supondría la restauración retroactiva de los aranceles.

Un argumento de peso: diseño español y ADN europeo
Uno de los pilares que ha permitido a CUPRA ganar esta batalla en Bruselas ha sido la naturaleza propia del coche. Aunque se ensamble en China, el Tavascan fue diseñado íntegramente en Cataluña y desarrollado sobre la plataforma MEB europea del Grupo Volkswagen. Incluso parte de sus componentes provienen de proveedores del continente, lo que permitía argumentar que no se trata de un producto chino ajeno, sino de un vehículo europeo con una logística de producción globalizada.
La Comisión ha reconocido en su informe que los planes de negocio de este modelo se trazaron antes de que existiera la guerra comercial de aranceles, lo que dejaba a la compañía en una situación de indefensión financiera. Al demostrar que el precio mínimo propuesto no es perjudicial para la competencia, las autoridades europeas han sentado un precedente que otras marcas podrían intentar seguir en el futuro. Por el momento no se ha especificado ese precio mínimo que ambas partes han acordado.
Impacto financiero: el respiro que Seat necesitaba
Para Seat, este acuerdo es un balón de oxígeno vital. La marca había estado absorbiendo internamente el coste de los aranceles para no trasladar un sobreprecio inasumible al cliente final, una estrategia que estaba desangrando sus cuentas. Con la eliminación de estos derechos de aduana, la rentabilidad del Tavascan vuelve a ser viable, permitiendo a la compañía centrarse en su plan estratégico 2030 sin la presión constante de los aranceles chinos. La gama eléctrica de CUPRA pronto se ampliará con la llegada del más pequeño y económico CUPRA Raval, que será fabricado en España.