El debate sobre la prohibición de vender coches con motores de combustión a partir de 2035 vuelve de forma recurrente a la agenda política y económica europea. Fabricantes, asociaciones del sector y algunos responsables políticos plantean la posibilidad de retrasar los plazos o introducir excepciones. Sin embargo, desde la Dirección General de Tráfico (DGT) el mensaje es claro y no admite matices: no habrá prórrogas. Pero también se hace un importante apunte que afecta a los vehículos híbridos y eléctricos en la movilidad urbana.
El director de la DGT, Pere Navarro, ha sido especialmente contundente al posicionarse públicamente. “El objetivo es acabar con los combustibles fósiles. Punto”, ha afirmado, dejando claro que, desde la perspectiva de la DGT, la transición hacia la movilidad eléctrica no es negociable ni reversible.
2035 no es una amenaza, sino una oportunidad

Navarro rechaza la idea de que la fecha marcada por la Unión Europea suponga una imposición perjudicial para España. Al contrario, considera que el país parte de una posición privilegiada para liderar el cambio de modelo energético aplicado al transporte.
El argumento es doble: económico y estratégico. España carece de recursos petrolíferos propios, lo que obliga a una fuerte dependencia exterior para abastecerse de gasolina y diésel. Frente a ello, el país cuenta con una abundancia de recursos renovables como el sol, el viento y la energía hidráulica.
“Si alguien en Europa tiene condiciones para el coche eléctrico, somos nosotros”, sostiene el director de la DGT. En este contexto, la electrificación del parque móvil no solo reduce emisiones, sino que abre la puerta a una mayor independencia energética, con impacto directo en la balanza económica y en la estabilidad del sistema.
Más allá del motor: un cambio de modelo de movilidad
Pere Navarro, director de la DGT: "Estamos todo el día con emisiones sí emisiones no tal y cual. No mire, al centro de la ciudad no vas con eléctrico ni diésel ni gasolina. No nos equivoquemos. Vas con transporte público y si tienes prisa taxi, Uber o Cabify" #EPJornadaMovilidad pic.twitter.com/ng6oJnq4ZH
— Europa Press (@europapress) January 14, 2026
Las declaraciones de Navarro también desmontan una percepción extendida: que el coche eléctrico garantizará el mismo uso del vehículo privado que el actual, especialmente en las grandes ciudades. Según la DGT, el cambio va mucho más allá del tipo de propulsión.
“El centro de la ciudad no será para el coche, ni eléctrico ni de combustión”, advierte Navarro. Su visión de la movilidad urbana del futuro sitúa al transporte público como eje central, relegando al coche privado a un papel secundario.
En este esquema, los desplazamientos urbanos cotidianos se realizarán principalmente en metro, autobús, tranvía o cercanías. Para casos puntuales, el director menciona soluciones como el taxi o las plataformas de movilidad bajo demanda como Uber y Cabify, pero deja claro que la propiedad del vehículo perderá protagonismo en los núcleos urbanos.
Un mensaje claro para ciudadanos e industria
Con estas declaraciones, la DGT no solo envía un mensaje a los conductores, sino también a la industria y a las administraciones locales. El horizonte de 2035 es firme y exige planificación, inversión en infraestructuras y una adaptación progresiva de los hábitos de movilidad.
La electrificación del parque móvil y la restricción del coche privado en las ciudades forman parte de un mismo proceso: reducir la dependencia del petróleo y transformar la forma de desplazarse. Para la DGT, el debate ya no es si habrá cambio, sino cómo gestionarlo de la forma más eficiente posible.