Trump podría abrir la puerta a los coches eléctricos chinos, aunque les impondrá una única (y difícil) condición

Trump se muestra abierto a que fabricantes chinos monten coches en Estados Unidos con trabajadores locales, aunque mantiene el arancel del 100% a los vehículos importados.

Donald Trump podría abrir la puerta a los coches eléctricos de marcas chinas.
Donald Trump podría abrir la puerta a los coches eléctricos de marcas chinas.
16/09/2026 13:00
Actualizado a 16/09/2026 13:00
Añadir Híbridos y Eléctricos como fuente preferida de Google de forma gratuita. Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.
Activar ahora

Durante años, los fabricantes chinos de coches eléctricos han mirado hacia Estados Unidos con la sensación de tener la puerta cerrada. Los aranceles y las diversas restricciones han convertido al país en un territorio prácticamente vedado para marcas como BYD, Geely o NIO. Ahora, unas declaraciones del presidente Donald Trump en un importante medio americano han abierto un pequeño resquicio a esa posibilidad, aunque con una condición que cambia por completo el planteamiento: los coches tendrían que fabricarse en suelo estadounidense.

La noticia llega en un momento especialmente sensible, con la visita a Estados Unidos del presidente chino Xi Jinping prevista para finales de este mes, y en pleno debate político sobre hasta dónde debería llegar la apertura comercial con China en el sector del automóvil. Hasta ahora, Trump se había mostrado rotundamente negativo a la idea de abrir las fronteras a las marcas chinas, mientras que los fabricantes coreanos y japoneses conquistan cada vez más cuota de mercado.

Lo que ha dicho Trump exactamente

Fábrica BYD
Trump podría exigir una única condición a los fabricantes chinos que quieran operar en Estados Unidos.

El pasado viernes, durante una entrevista, Trump afirmó que estaría de acuerdo con que un fabricante chino abriera una planta para construir coches en Estados Unidos. Sus palabras fueron claras: "Si China quisiera venir y abrir una planta para fabricar sus coches aquí, estaría de acuerdo con eso. Japón lo hace, pero contratan a nuestra gente. Lo importante es que contraten a nuestra gente." Eso sí, el presidente marcó una línea roja: no aceptaría que esas marcas fabricaran en México para después enviar los coches terminados a Estados Unidos esquivando así las reglas comerciales. BYD ya se había planteado algo así.

Pese a esta apertura verbal, la realidad normativa actual sigue siendo un muro difícil de sortear para cualquier fabricante chino. Continúa vigente un arancel del 100% sobre los coches fabricados en China, además de una prohibición sobre los vehículos que utilicen software o hardware desarrollado en ese país. Esta última norma es precisamente la que forzó la salida de Polestar del mercado estadounidense, y la que podría poner a Mercedes-Benz en el punto de mira de una disputa con el Gobierno de Estados Unidos.

Un contexto marcado por la desconfianza política

Las palabras de Trump llegan justo después de que la senadora de Michigan Elissa Slotkin encendiera las alarmas sobre la posibilidad de que la Administración estuviera preparando un paquete para permitir la entrada de coches chinos en el mercado estadounidense como parte de un acuerdo más amplio con Pekín. Slotkin es una de las impulsoras de la legislación que busca prohibir directamente estos vehículos en Estados Unidos, por lo que cualquier rumor en sentido contrario supone un golpe directo a su propuesta.

Un mensaje con matices que conviene no simplificar

fabricantes-coches-amanazan-retirar-coches-baratos-estados-unidos-con-aranceles-donald-trump
Hasta ahora, la postura del Presidente Trump parecía determinante.

Lo interesante de la postura de Trump es que no plantea una apertura sin condiciones, sino un modelo muy concreto: fábricas operativas en territorio estadounidense, con empleados locales, siguiendo el ejemplo que ya aplican marcas japonesas desde hace décadas. Es un discurso que suena a oportunidad de inversión industrial más que a apertura comercial pura, y que choca frontalmente con el entramado legal actual, pensado precisamente para mantener fuera del país tanto los coches como la tecnología china.

En definitiva, aunque el tono de las declaraciones pueda sonar a cambio de rumbo, ni el arancel del 100% ni la prohibición sobre software y hardware chino han cambiado por ahora. Lo que existe es una señal política, no una modificación real de las normas que hoy en día mantienen a los fabricantes chinos fuera del mercado estadounidense. De hecho, la Administración Trump ha definido a varias empresas automovilísticas chinas como BYD y CATL como empresas militares, incluyéndolas en una lista negra.