Xiaomi continúa desarrollando su trayectoria en el mundo del automóvil. Tras lanzar en China dos modelos que han arrasado en ventas, ahora da un paso más en su apuesta por el mercado de los vehículos eléctricos creando una nueva empresa para la creación de componentes como baterías y motores eléctricos.
Denominada como Beijing Xiaomi Jingxu Technology, la nueva subsidiaria se registró oficialmente el 30 de abril de 2026 con un capital inicial de 10 millones de yuanes. No es una cifra especialmente elevada para los estándares de la industria automotriz, pero es un movimiento importante, ya que supone que la empresa pase a fabricar internamente componentes esenciales de sus vehículos eléctricos.

Mayor independencia
La decisión responde a varias razones industriales y comerciales. Por un lado, Xiaomi busca reducir su dependencia de proveedores externos en un mercado marcado por la fuerte competencia tecnológica, con tensiones en las cadenas globales de suministro y precios volátiles. Por otro, la empresa pretende optimizar costes y acelerar los ciclos de innovación, repitiendo la estrategia que ya ha aplicado anteriormente en otras áreas de negocio como los teléfonos inteligentes y los chips de desarrollo propio.
Diversos analistas consideran que esta integración vertical puede convertirse en una ventaja competitiva decisiva frente a otros fabricantes de vehículos eléctricos que todavía dependen en gran medida de terceros proveedores. Eso, sumado a su expansión a nuevas regiones a partir del año que viene, podría resultar en una posición muy ventajosa frente a sus competidores en un plazo de tiempo relativamente corto.
Además de la nueva filial, diferentes reportes indican que Xiaomi también estudia la creación de una planta de baterías con capacidad anual de 15 GWh. La fábrica podría comenzar a operar antes de finalizar 2026 y serviría para abastecer el rápido crecimiento de la producción de vehículos de la compañía. Sería algo lógico, ya que haría que la expansión industrial acompañe al fuerte incremento de la demanda de modelos como el SU7 y el SUV YU7, cuyos tiempos de espera en China han llegado a situarse entre once y catorce semanas debido al elevado número de pedidos acumulados.
El ejemplo más claro es el nuevo Xiaomi SU7. Se anunció el 19 de marzo y en solo 48 días los pedidos acumulados superaron las 80 000 unidades. La compañía simplemente no puede mantener el ritmo ante esa alta demanda. Para principios de mayo se habían entregado 30.000 unidades, quedando otros 50.000 en la recámara, además de los que se hayan seguido sumando a continuación. Así, el ritmo de entregas esperado es de 800 unidades al día.
Una tendencia en la industria
El crecimiento de Xiaomi en el sector automotriz ha sido particularmente rápido. La compañía se ha fijado como objetivo entregar alrededor de 550.000 vehículos eléctricos en 2026, una cifra que supondría un aumento aproximado del 34 % respecto al año anterior. Este ritmo de expansión ha obligado a la empresa a ampliar su capacidad productiva y a asegurar el suministro de componentes estratégicos para evitar cuellos de botella en la fabricación.

La creación de Beijing Xiaomi Jingxu Technology sería una respuesta directa a esa necesidad, buscando escalar sus operaciones sin tener que ceder el control tecnológico, así como que la estabilidad de la cadena de suministro sea algo propio, sin depender de terceros.
La estrategia de Xiaomi también refleja una tendencia más amplia dentro de la industria china de vehículos eléctricos. Grandes fabricantes tecnológicos y automotrices están invirtiendo cada vez más en su propia capacidad industrial, especialmente en áreas relacionadas con baterías, semiconductores y software de conducción inteligente. El objetivo es consolidar ecosistemas tecnológicos integrados propios que garanticen una mayor independencia.
