China ha iniciado la construcción de lo que se perfila como una de las infraestructuras energéticas más relevantes del planeta: un gasoducto de hidrógeno verde de casi 400 kilómetros que conectará la región de Mongolia Interior con la capital y permitirá transportar hasta 100.000 toneladas de hidrógeno limpio al año, marcando un hito estratégico en la transición energética del gigante asiático.
El proyecto, liderado por la petrolera estatal Sinopec y respaldado por planes nacionales de desarrollo tecnológico y energético, contempla el trazado de tuberías que llevarán hidrógeno producido mediante electrólisis con fuentes renovables desde Ulanqab, en la región de Mongolia Interior, hasta Pekín.

El megaproyecto
Esta iniciativa no sólo atendería demandas industriales de la capital, sino que también allanaría el camino para una red de transporte de hidrógeno a gran escala. Según fuentes oficiales, una vez completado el corredor, incluido en el plan nacional de construcción de redes de energía limpia, la infraestructura podría, en fases posteriores, ampliarse para mover hasta 500.000 toneladas de hidrógeno verde al año.
En su primera fase, el corredor energético tiene previsto completarse hacia finales de 2027. Convertirá a China en protagonista de un mercado emergente que aspira a desplazar combustibles fósiles y apoyar la electrificación de sectores industrialmente intensivos.
El proyecto representa la primera tubería interprovincial de hidrógeno verde de China, y su construcción ha sido autorizada como parte de la expansión de las redes energéticas que buscan reducir la dependencia de combustibles fósiles. El trazado total se extiende a lo largo de aproximadamente 400 km, con la sección inicial desde Ulanqab hasta la planta petroquímica de Yanshan en Pekín abarcando unos 119 km, según informes técnicos.
El hidrógeno verde destinado a este corredor procede de proyectos en la región rica en recursos renovables de Mongolia Interior, donde la combinación de energía eólica y solar alimenta plantas de electrólisis de gran capacidad. Este hidrógeno será utilizado en procesos industriales, como materia prima en refinerías y en reacciones químicas, además de explorar aplicaciones futuras en transporte y almacenamiento energético.
China acelera la transición energética
Este gasoducto se suma a otros indicadores del avance de China en la industria del hidrógeno. Según datos de la Administración Nacional de Energía (NEA), China había establecido a finales de 2024 una capacidad de producción de 125.000 toneladas anuales de hidrógeno verde, lo que representaba aproximadamente el 50 % de la capacidad global instalada.
La producción total de hidrógeno, incluyendo otros métodos como la gasificación de carbón y el vapor de gas natural, ascendió a 36,5 millones de toneladas en 2024, con incrementos año tras año.
A pesar de estos avances, el hidrógeno verde sigue siendo una fracción relativamente pequeña dentro del total producido, incentivando a Pekín a promover políticas que estimulen la creación de demanda en sectores como energía, industria y transporte.
Para finales de 2026, las autoridades se han fijado metas ambiciosas, como la implantación de unos 45.000 vehículos con celdas de combustible de hidrógeno, una cifra que casi duplica los niveles de años recientes.
El gasoducto de hidrógeno verde contribuiría a reducir la dependencia de fuentes fósiles importadas o derivadas de carbón, reforzando al mismo tiempo la autonomía energética de regiones altamente consumistas como el área de Beijing-Tianjin-Hebei.
A medida que el hidrógeno verde se integre en procesos industriales y energéticos, también se espera que juegue un papel en la reducción de emisiones de dióxido de carbono y otros contaminantes asociados a combustibles tradicionales.
China ya ha comenzado a introducir aplicaciones de hidrógeno más allá del sector energético convencional. Ciudades como Zhangjiagang han incorporado flotas de vehículos a hidrógeno, incluidos autobuses y camiones pesados, con más de 220 unidades operativas a mediados de 2025, apoyadas por estaciones de repostaje que permiten recargar en menos de 15 minutos y ofrecen autonomía de hasta 500 km. Esta adopción urbana del hidrógeno ha contribuido a la reducción de más de 10 000 toneladas métricas de emisiones de carbono en esa ciudad.

La infraestructura de hidrógeno verde china se enmarca en un contexto global en el que esta tecnología comienza a fragmentar los monopolios tradicionales de la energía fósil. Aunque los costes de producción de hidrógeno limpio continúan siendo superiores en comparación con los métodos basados en combustibles convencionales (dos o tres veces más caros en algunos casos), la escala y la velocidad de despliegue industrial en China apuntan a una reducción de costes continua y a una capacidad competitiva cada vez mayor.
Con la construcción de este gasoducto, China no sólo se posiciona como un actor clave en la producción y transporte de energía limpia, sino que también establece una hoja de ruta tecnológica y logística para el desarrollo de una red de hidrógeno que pueda servir como columna vertebral de una economía baja en carbono.
El proyecto consolidará al país asiático en un segmento donde las infraestructuras y la capacidad operativa son esenciales para sostener la demanda industrial futura y las exigencias ambientales globales.
Este corredor energético, previsto para completarse en su primera fase hacia finales de 2027, simboliza la ambición china de redefinir las reglas del juego energético mundial mediante inversiones masivas y tecnologías emergentes centradas en la sostenibilidad.