La inteligencia artificial (IA) está acelerando las necesidades energéticas mundiales. Los centros de datos requieren tanta energía, que exprimen los sistemas energéticos hasta tal punto que están poniendo en duda la disponibilidad energética en los próximos años. Según el informe Digitalisation and AI for Power Systems Transformation: Perspectives for the G7 de la Agencia Internacional de las Energías Renovables (IRENA), el consumo eléctrico de estos centros se duplicará para 2030, alcanzando los 945 TWh una cifra que supera el consumo actual de electricidad de Japón.
Este salto supone que los centros de datos, que en 2024 ya representaban cerca del 1,5 % del consumo global de electricidad (unos 415 TWh), emerjan como actores aún más centrales en el sistema energético mundial.

El reto energético que plantea la inteligencia artificial
Los centros de datos representan un reto crítico para el sistema energético, especialmente en un escenario en el que el vehículo eléctrico y otras tecnologías limpias dependen de una red robusta y eficiente.
La Agencia Internacional de la Energía (AIE) estima que la IA y los servicios en la nube provocarán un crecimiento explosivo del consumo energético de los centros de datos. Según el informe, el uso eléctrico global de estas instalaciones podría alcanzar unos 945 TWh en 2030: casi el doble de su nivel en 2024.
Este crecimiento se debe en gran parte al auge de la IA generativa, que requiere enormes potencias de procesamiento para entrenar y ejecutar modelos complejos. Además, consultoras como IDC apuntan a un aumento sostenido: prevén que entre 2023 y 2028 ese consumo se duplicará, hasta rozar los 857 TWh.
El impacto no es solo cuantitativo. La expansión de los centros de datos genera una presión añadida sobre la red, que debe adaptarse a picos de demanda crecientes. En países como Estados Unidos, estos centros ya representan una parte significativa del consumo local.
Este escenario complica los planes de electrificación del transporte: si los centros de datos siguen creciendo sin control, podrían competir con otros sectores clave, como la movilidad eléctrica, por el acceso a la energía. En un mundo donde cada vez más coches dependen de la electricidad, garantizar un suministro estable y suficiente es una prioridad.
Para responder a esta demanda, algunas grandes compañías tecnológicas ya están explorando fuentes alternativas como la energía nuclear avanzada. Reactores modulares pequeños (SMR) podrían ofrecer electricidad limpia, fiable y con capacidad de carga flexible, según la Agencia Internacional de la Energía Atómica (IAEA).

Lejos de ser solo un problema, la misma IA podría convertirse en parte de la solución. Organismos como la Agencia Internacional de las Energías Renovables (IRENA) promueven la digitalización del sistema eléctrico para hacerlo más eficiente, flexible y resiliente. Mediante el uso de modelos predictivos con IA, se pueden anticipar picos de demanda o producción renovable, lo que reduce costosos recortes o reservas operativas.
En el informe presentado por IRENA, Francesco La Camera, director general de la agencia, subraya que la tecnología digital debe escalar para “reducir costes, aumentar la eficiencia y fortalecer la resiliencia del sistema energético”.
Los expertos también recomiendan a los responsables políticos reforzar los sistemas de datos, mejorar la interoperabilidad (incluyendo la ciberseguridad) y superar la brecha de competencias digitales para preparar la fuerza laboral.
Sin embargo, la propia IRENA advierte de riesgos importantes. Hay incertidumbre sobre los retornos de la inversión en tecnología digital, lo que podría llevar a preferir simplemente reforzar redes eléctricas antiguas en lugar de modernizarlas.
Esa estrategia puede retrasar la transición energética: muchos sistemas actuales no son compatibles con nuevas herramientas digitales, y su eliminación gradual puede aumentar los costes y prolongar el proceso.
Si la red no puede asumir la nueva demanda, se complica la expansión masiva de los vehículos eléctricos. Pero si se gestiona bien, la digitalización y la IA podrían permitir que más energía renovable llegue a cargadores, estaciones y hogares, impulsando una transición más rápida y sostenible.
Además, es posible que algunos centros de datos utilicen fuentes verdes o nucleares, reduciendo el impacto ambiental. Pero para ello, los reguladores y los operadores eléctricos deben trabajar para crear políticas y estructuras de mercado que fomenten estas inversiones.
El consumo energético vertiginoso de los centros de datos, impulsado por la IA, plantea un desafío mayúsculo para el sistema eléctrico. Pero, con visión y tecnología, la misma IA podría convertirse en una palanca para transformar la red en una infraestructura más eficiente, flexible y sostenible. Eso abriría el camino no solo para un internet más potente, sino también para una movilidad eléctrica verdaderamente masiva.