Electric Last Mile Solutions (ELMS) nació con una promesa muy concreta, el de electrificar la última milla con una furgoneta compacta, de coste contenido y pensada para flotas. En plena ola de e-commerce, la compañía aseguró en marzo de 2021 haber superado las 45.000 reservas para su modelo Urban Delivery, y confirmó su intención de iniciar la producción a finales del tercer trimestre de 2021 en su planta de Mishawaka (Indiana).
En ese mismo comunicado, ELMS anticipaba una autonomía de alrededor de 240 kilómetros y un precio de unos 23.000 euros tras la ayuda federal, según su propio cálculo y al cambio aproximado, una tarifa muy competitiva que despertó rápidamente el interés de particulares, empresas y autónomos.

El salto al parqué y el aterrizaje industrial
El gran acelerador de ELMS fue la salida a bolsa. La operación con Forum Merger III se cerró en junio de 2021 y el mercado la leyó como una apuesta “pura” por un vehículo comercial eléctrico. En la documentación y comunicaciones de la transacción se manejó una valoración implícita pro forma en el entorno de 1.300 millones de euros, con un precio de referencia cercano a 9 euros por acción. La última milla, el precio agresivo y la supuesta demanda adelantada llevó a que, en el arranque bursátil, distintos medios recogieran una capitalización alrededor de esos niveles.
Tras la salida a bolsa, ELMS trató de aterrizar el negocio con acuerdos comerciales. En septiembre de 2021, la empresa detalló un acuerdo de pedido en firme con Randy Marion Isuzu. El distribuidor se comprometía a comprar al menos 6.000 vehículos de los primeros 8.000 fabricados, el llamado First Order Requirement, y emitió un primer pedido de 1.000 unidades, con hitos posteriores para completar más órdenes.
Pero la realidad industrial golpeó pronto. ELMS reconoció que ajustó su volumen de producción previsto para 2021 a solo 300–500 vehículos, citando retrasos por COVID-19, problemas de cadena de suministro y logística, y disponibilidad de materias primas y contenedores.
Sin embargo, el indicador más contundente del mal momento de ELMS llegó pronto, cuando la compañía reportó unos 0,09 millones de euros de ingresos, atribuidos a la venta de 5 unidades del Urban Delivery bajo un acuerdo con Randy Marion.
Liquidación y venta por piezas
A principios de 2022, la historia se torció de forma casi irreversible. El 1 de febrero de 2022, tras una investigación interna, dimitieron el CEO James Taylor y el presidente Jason Luo por cuestiones relacionadas con compras de acciones con descuento, según la cronología publicada por Reuters y otros medios. Apenas una semana después, el 8 de febrero de 2022, BDO, su firma auditora, renunció como auditor independiente.

El desenlace llegó en junio de 2022, cuando anunció su bancarrota. Reuters lo explicó como una decisión motivada por falta de financiación para seguir adelante. En esa petición, varios medios recogieron que ELMS declaró activos estimados entre unos 45 y 90 millones de euros y pasivos en una horquilla similar, rangos típicos en este tipo de formularios iniciales convertidos a euros.
Después, la empresa como tal se convirtió, en la práctica, en un proceso concursal. El objetivo pasó a ser vender activos como la planta o el inventario. La subasta acabó con Mullen Automotive como comprador de “sustancialmente todos” los activos. Diferentes medios confirmaron una venta por más de 90 millones de euros cerrada en noviembre de 2022, y Mullen comunicó por su parte que cerró la operación el 30 de noviembre de 2022 por una compra en efectivo valorada en torno a 97 millones de euros, al cambio aproximado, cifra que también replicaron medios sectoriales.
En definitiva, el proyecto de la furgoneta eléctrica de ELMS terminó siendo un ejemplo de libro de la distancia entre una narrativa de demanda adelantada y la dificultad real de industrializar y financiar a tiempo una producción a escala.
