La historia del automóvil europeo no puede entenderse sin el papel fundacional de Mercedes-Benz, BMW y Volkswagen, tres marcas alemanas que llevan más de un siglo marcando el rumbo de la movilidad.
Actualmente, la industria del automóvil atraviesa una de sus transformaciones más profundas desde su nacimiento hace más de un siglo, marcada por la transición hacia la movilidad eléctrica y la digitalización de los vehículos. Tras décadas dominadas por los motores de combustión interna, el sector se enfrenta hoy a una redefinición completa de sus modelos de diseño, producción y comercialización, impulsada por objetivos regulatorios ambicioso.

Al borde de la revolución tecnológica
Los fabricantes tradicionales, especialmente los grandes grupos europeos y japoneses, compiten ahora con empresas tecnológicas y nuevos actores chinos que lideran la electrificación y el desarrollo de sistemas de conducción autónoma y software integrado. Esta convergencia de tendencias está provocando una reconfiguración de cadenas de suministro, alianzas estratégicas y una carrera por la competitividad de las baterías, la eficiencia energética y la infraestructura de recarga, mientras los mercados globales ajustan sus incentivos para acelerar la transición hacia un transporte más sostenible.
Mercedes-Benz hunde sus raíces en 1886, cuando Karl Benz patentó el Benz Patent-Motorwagen, considerado el primer automóvil de la historia, y cuando Gottlieb Daimler desarrolló de forma paralela los primeros motores de combustión de alta velocidad. Desde entonces, la marca de la estrella ha estado asociada a la innovación técnica, la seguridad y el lujo, acumulando casi 140 años de experiencia en la fabricación de vehículos.
BMW, por su parte, nació en 1916 como fabricante de motores de aviación y comenzó a producir automóviles en 1928, construyendo durante casi un siglo una identidad ligada al dinamismo, la ingeniería de precisión y el placer de conducción.
Volkswagen completa este trío histórico con un origen muy distinto, pero igualmente determinante para la industria. Fundada en 1937 con el objetivo de motorizar a la población alemana, la marca lanzó el icónico Escarabajo, que se convirtió en uno de los modelos más vendidos de todos los tiempos y consolidó a Volkswagen como fabricante de grandes volúmenes. Desde entonces, el grupo ha pasado de producir un “coche del pueblo” a convertirse en uno de los mayores conglomerados automovilísticos del mundo, con marcas y fábricas repartidas por varios continentes y más de 80 años de trayectoria industrial.

El varapalo del economista alemán y la contestación de su industria
Las históricas marcas alemanas Mercedes-Benz, BMW y Volkswagen, símbolos de la ingeniería automovilística europea durante más de un siglo, se encuentran en una encrucijada sin precedentes debido a la acelerada transformación tecnológica y las cambiantes demandas del mercado global, según advierte el economista alemán Moritz Schularick.
El presidente del Instituto de Economía Mundial de Kiel (IfW) sostiene que el modelo industrial que sostiene a estos grupos podría no sobrevivir tal como existe hoy antes de 2030, a menos que se produzcan cambios drásticos en su enfoque estratégico.
Schularick formuló estas previsiones durante una entrevista en el programa Caren Miosga de la cadena ARD, donde analizó la situación del sector automotor en Alemania, país que históricamente ha dominado la producción de vehículos en Europa y jugado un papel clave en el empleo y la exportación. Según el experto, la industria germana se enfrenta a un entorno donde tecnologías emergentes como la movilidad eléctrica, la inteligencia artificial y el software avanzado para vehículos autónomos y conectados están redefiniendo el concepto de automóvil y la estructura de negocio tradicional.
Schularick argumenta que los fundamentos que han sostenido a Mercedes, BMW y Volkswagen, basados históricamente en motores de combustión y cadenas de suministro tradicionales, están quedando obsoletos ante la irrupción de nuevos actores y tecnologías. Según el economista, “Volkswagen, BMW y Mercedes-Benz no podrán mantenerse tal y como las conocemos al final de esta década” si no aceleran su adaptación a las tendencias globales de electrificación y digitalización.
La transición hacia vehículos eléctricos no es solo una cuestión de sustituir motores de combustión, sino también de reinventar procesos de fabricación, cadenas de suministro y modelos de negocio enteros para competir con empresas que ya dominan el software, los sistemas de conducción autónoma y las plataformas digitales integradas. El economista ha señalado que el ritmo de cambio es tan rápido que las tradicionales fortalezas de la industria alemana podrían convertirse en una desventaja si no se afrontan con decisión.
En este contexto, Schularick conminó a considerar modelos alternativos de supervivencia para estas compañías, citando como ejemplo la adquisición de Volvo por parte del grupo chino Geely en 2015, que, según él, proporcionó la inyección de tecnología y acceso a mercados que permitió a la marca sueca prosperar. El economista sugirió que una entrada de capital extranjero podría ser una vía para que los gigantes alemanes obtengan tecnologías clave y una visión más avanzada de movilidad del futuro.
Las declaraciones del economista recibieron una respuesta inmediata por parte de representantes del sector automovilístico alemán. Hildegard Müller, presidenta de la Asociación Alemana de la Industria del Automóvil (VDA), calificó las predicciones de Schularick como “absurdas” y defendió la fortaleza de las marcas nacionales, atribuyendo los retos actuales a factores como los altos costes energéticos y la falta de apoyo político en innovación y competitividad. Müller subrayó que, pese a las dificultades, las empresas automovilísticas alemanas siguen siendo competitivas a nivel global.
Por su parte, el político alemán Cem Özdemir, miembro de Los Verdes, rechazó la idea de que Mercedes-Benz pudiera caer bajo control extranjero, asegurando que “Mercedes seguirá siendo un producto alemán” siempre que el país apueste por la innovación tecnológica y políticas que fortalezcan la industria nacional. Özdemir insistió en que cada actor debe asumir su responsabilidad para garantizar que Alemania mantenga su liderazgo histórico en el sector.

Un futuro incierto
Schularick insistió en que el verdadero desafío para la automoción del futuro reside en la transición digital y en la adopción de tecnologías que vayan más allá de la electrificación, como la conducción autónoma y los sistemas basados en inteligencia artificial conectados en red. A su juicio, “estamos discutiendo el pasado mientras otros países ya construyen el futuro”, lo que podría dejar a la industria alemana en desventaja si no se reposiciona rápidamente.
La advertencia del experto subraya que, en un sector tan estratégico para la economía alemana, que representa una parte significativa del PIB del país y millones de empleos directos e indirectos, la falta de adaptación podría traducirse en una profunda reconfiguración industrial antes de que concluya esta década.