Desde el año 2022 sólo han pasado cuatro años. Aquel momento podría tildarse como ‘la cúspide’ sobre la esperanza de electrificación. La mayoría de marcas automovilísticas firmaban ya la desaparición de sus motores de gasolina en favor de los coches eléctricos puros. Marcas como Mercedes-Benz fueron una de las grandes motivadoras de este movimiento. Ahora, buena parte de ellas ha dado marcha atrás a sus planes.
De hecho, el CEO de Mercedes-Benz, Ola Källenius, prometió que para el año 2025, el 50% de sus ventas vendrían de manos de coches 100% eléctricos; para el 2030 serían la mayoría. Tras estas aspiraciones, la marca apuntó que para el 2030 la totalidad de su flota automovilística sería ‘cero emisiones’. El pasado 2025, viendo la tendencia, dieron marcha atrás a estos objetivos.

Los políticos y empresas anticiparon una demanda de coches eléctricos más alta
Sobre esto ha hablado precisamente el propio CEO de Mercedes-Benz en una reciente entrevista con el medio Der Spiegel. En su intervención, el directivo ha admitido ver como muy buenos ojos la famosa flexibilización legislativa de la Comisión Europea para el año 2035. Este pequeño ‘paso atrás’ puede suponer un soplo vital para las marcas. No obstante, a pesar de esto, concretó su completo compromiso con la movilidad eléctrica, la cual dice que es “el futuro”.
En su intervención, el CEO dijo lo siguiente: “Probablemente ninguna otra industria ha invertido tanto en descarbonización como nosotros. Y seguimos haciéndolo, aunque la demanda de coches eléctricos no es ni de lejos tan alta como creían políticos y empresas. Nuestro objetivo común es la neutralidad climática, pero no estamos de acuerdo en el método”.
De hecho, el directivo concretó que al conocer la nueva legislación de la Comisión Europea, sintió entusiasmo por abrir la puerta a la multi-opción mecánica. Sin embargo, también apostilló que, una vez fue leyendo los cambios regulatorios, estos no fueron los que todos esperaban.

Concretamente, el CEO apuntó que "dictar lo que los consumidores deben pensar y querer en determinados momentos no generará crecimiento, sino que reducirá el mercado”. Bajo su punto de vista, esto es algo que debe debatirse abiertamente en un Consejo Europeo en el que también estén representadas las propias marcas automotrices.
Para ser consciente de uno de los puntos que propone la UE es en lo referente a la ley de flotas. Según la propuesta, estas, en gran medida, deberán ser vehículos eléctricos para el 2030. Por lo general, las flotas tienen un periodo vital de unos dos años; pasado ese periodo, según el CEO, habrá un exceso de oferta en el mercado de coches usados. El resultado de esto será una caída en los precios residuales, diferentes empresas con un enorme catálogo de stock y una demanda desplomada de vehículos nuevos.
“Esto tienen consecuencias drásticas para la industria”. Si esto que ha contado el CEO termina pasando, los datos proporcionados por él mismo apuntan a que, para cuando el mercado se recupere, muchas empresas medianas podrían llegar a declararse insolventes. “Y sólo es un ejemplo para un problema fundamental”.
Källenius culminó su intervención pidiendo a la UE aún más flexibilidad y que sea el mercado y los clientes quienes escojan qué coche tendrán en su garaje. Una férrea legislación compuesta por obligaciones y sanciones sólo hará peligrar la fortaleza económica de Europa y, “si sólo económicamente débiles, la descarbonización también se quedará por el camino”.