Por muchos coches eléctricos que fabrique, Europa tiene un enorme problema que debe solucionar cuanto antes: 3 de cada 4 baterías son chinas

La dependencia de baterías y componentes procedentes del exterior no deja de aumentar, frenando la rentabilidad de los proyectos europeos.

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La movilidad de cero emisiones avanza en Europa. Gemini
05/08/2026 14:00
Actualizado a 05/08/2026 14:00
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El mercado europeo del vehículo eléctrico avanza de forma imparable. Las matriculaciones crecen, los consumidores se están adaptando a la movilidad de cero emisiones y la infraestructura de recarga se extiende a lo largo de las principales arterias del continente. Sin embargo, detrás de estas cifras positivas se esconde un desafío estructural que afecta de lleno a la soberanía industrial europea: la dependencia estratégica en la fabricación de baterías frente a los gigantes asiáticos, con China al frente de la cadena de valor.

Un análisis detallado de la transformación energética evidencia que la transición tecnológica no solo implica vender más coches eléctricos, sino también dominar los componentes que determinan su rendimiento y coste, además de ser más independientes.

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Europa importa 3 de cada 4 celdas de baterías.

Un punto de desequilibrio

A pesar de las iniciativas para fomentar la producción local, la industria del automóvil en Europa continúa importando la mayoría de las celdas que llevan los coches eléctricos. Según un informe reciente realizado por la consultora Deloitte, el 77 % de las celdas de batería utilizadas en los vehículos eléctricos fabricados en Europa proceden de Asia, lo que refleja un incremento respecto al 70 % del año anterior.

Europa apenas fabrica el 13 % de la producción mundial de celdas de batería. Más allá de esta cifra, los centros de producción ubicados en suelo europeo presentan una vulnerabilidad. El 98 % de la capacidad de producción interna está bajo el control directo de empresas asiáticas. Esta situación deja a las marcas del viejo continente en una posición de desventaja en la cadena de suministros.

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La fabricación de baterías en Europa está en manos de empresas asiáticas casi en su totalidad.

La batería es el elemento técnico de mayor impacto económico y operativo en un coche eléctrico, condicionando parámetros como la autonomía, los tiempos de carga y el precio de venta al público. Al depender tanto del exterior para este componente clave, la industria europea también está cediendo gran parte del valor añadido generado por la nueva movilidad.

El mercado prevé que la producción de vehículos eléctricos en Europa alcance los 28 millones de unidades para finales de esta década, lo que requerirá una capacidad instalada acumulada cercana a los 1.950 GWh de almacenamiento energético. Por tanto, las implicaciones de esta dependencia se incrementarán.

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El continente necesita acelerar sus planes para eliminar la dependencia exterior.

Al no disponer de una cadena de valor integrada y propia, las compañías europeas están transfiriendo una buena parte de su posible liquidez al exterior. La adquisición directa de celdas, el suministro de maquinaria especializada y componentes son un lastre en estos momentos. De acuerdo con las estimaciones del sector, el valor añadido que la economía europea dejará de ingresar debido a esta dependencia podría situarse entre los 100.000 y los 150.000 millones de euros hasta el año 2030.

Teniendo en cuenta la presión competitiva en los márgenes de beneficio y la necesidad de reducir los costes de fabricación para que la tecnología de cero emisiones sea más accesible, la falta de control sobre los costes de la celda de batería debilita la posición estratégica de las marcas locales frente a sus competidores asiáticos.

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La batería es el componente principal de un coche eléctrico.

Desafíos estructurales para el ecosistema europeo

Para responder a esta necesidad, Europa cuenta con cerca de 350 empresas vinculadas al ecosistema de baterías, desde la investigación de materiales hasta el reciclaje de componentes. No obstante, hay importantes cuellos de botella que impiden alcanzar la escala competitiva necesaria.

La transición necesita de importantes inversiones en gigafactorías, algunas de las cuales se están empezando a hacer y de las que España es un referente, así como un suministro estable de materias primas críticas. A esto se suma el coste energético necesario para los procesos de fabricación y las normativas europeas sobre la huella de carbono en la producción industrial.

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La dependendia de China es un gran lastre económico. Deloitte

Mientras la adopción del coche eléctrico avanza hacia su consolidación, la industria del motor en Europa afronta el reto urgente de acelerar el desarrollo de una infraestructura propia de baterías. De no acortar distancias en la fabricación de celdas y en el control de las materias primas, el continente corre el riesgo de sustituir la histórica dependencia del petróleo importado por una nueva en el ámbito de la movilidad eléctrica.