"Totalmente irresponsable", Stellantis y Mercedes creen que no hay que construir nuevas fábricas de baterías

Europa lo ha intentado de muchas maneras, pero la dependencia de China con respecto a las baterías para coches eléctricos sigue siendo total. Más fábricas no solucionarán el problema.

Las nuevas fábricas de baterías europeas serán, principalmente, de empresas chinas.
Las nuevas fábricas de baterías europeas serán, principalmente, de empresas chinas.
24/02/2026 13:00
Actualizado a 24/02/2026 13:00

El ambicioso plan de soberanía energética europeo ha sufrido un revés histórico. Automotive Cells Company (ACC), la alianza estratégica formada en 2020 por Stellantis, Mercedes-Benz y Total Energies, ha emitido un comunicado demoledor en el que califica como "totalmente irresponsable" el compromiso de construir nuevas megafábricas de baterías en Kaiserslautern (Alemania) y Termoli (Italia).

Esta decisión no es solo un cambio de planes, sino una respuesta pragmática a un mercado del coche eléctrico que crece más lento de lo previsto. Según la dirección de ACC, el sector se enfrenta a una inestabilidad extrema provocada por la feroz competencia de los gigantes chinos, lo que ha transformado el optimismo inicial de la industria en una cautela forzada por la supervivencia financiera.

Fábrica ACC
La fábrica de ACC en Francia es la única de las tres previstas que va a estar en pie y funcionando.

Un mercado inestable y el desafío de la producción en Francia

La compañía ha sido tajante al explicar los motivos de esta retirada. Saben con certeza que las nuevas fábricas no tendrían pedidos de productos suficientes durante años. Además, la situación de su planta operativa en Hauts-de-France, al norte de Francia, está siendo mucho más compleja de lo esperado. Su puesta en marcha está llevando más tiempo y dinero de lo anticipado. Ya debería haber iniciado sus operaciones con una capacidad proyectada de 13 GWh al año.

A pesar de los desafíos en suelo francés, la marca se niega a rendirse en esa ubicación, afirmando que están "demasiado cerca del objetivo" para abandonar el proyecto ahora. Informes recientes sugieren que ACC ha tenido que recurrir a expertos externos para reducir las altas tasas de descarte en la producción y duplicar el número de módulos fabricados en los últimos meses, logrando finalmente una tendencia positiva en la calidad de sus celdas.

El futuro de las plantillas y el papel de la política europea

Tras anunciar el "carpetazo" definitivo a los proyectos en Alemania e Italia, ACC ha iniciado un diálogo con los equipos locales para negociar las condiciones del cese de actividad en Kaiserslautern y Termoli. Esta medida impacta directamente en los planes de localización de la cadena de suministro europea que Stellantis y Mercedes-Benz habían proyectado para sus futuros modelos eléctricos.

La empresa quiere mantener un diálogo constructivo con sindicatos alemanes e italianos para gestionar el cierre. El paso de ACC compromete aún más la dependencia de Europa frente a las empresas líderes de la industria, principalmente chinas, como son CATL, BYD o LG. Esto les ha llevado a emitir un llamamiento urgente a los responsables políticos para obtener mayor apoyo y acciones más rápidas. Europa plantea nuevas normativas, pero no hay nada definido, lo que complica aún más la inversión. Solo las compañías chinas, como CATL se atreven a gastar dinero en Europa, como la fábrica de baterías anexa a la fábrica de Stellantis en Zaragoza

Batería ACC
El sueño energético europeo se hunde un poco más.

Un punto de inflexión para la industria "Made in Europe"

Para los 2.300 empleados que hoy forman parte de ACC, este anuncio marca un punto de inflexión en la joven historia de las baterías europeas. La empresa insiste en que sigue luchando cada día por demostrar que existen alternativas reales a las baterías asiáticas, pero reconoce que la realidad actual impone una forma de pragmatismo que no permite riesgos innecesarios.

El fracaso de estos proyectos en Alemania e Italia subraya la fragilidad del ecosistema europeo frente a fabricantes globales ya consolidados. Sin una demanda estable de vehículos eléctricos y un marco político que ofrezca mayor certidumbre, el sueño de una red de grandes fábricas europeas competitivas parece alejarse, dejando a la planta francesa de Douvrin como el último bastión de resistencia de la alianza entre Stellantis y Mercedes-Benz.