Lo que parecía el movimiento definitivo para cambiar las reglas del juego en el mercado norteamericano ha acabado en un cruce de desmentidos. En las últimas horas, los rumores sobre una posible joint venture entre Ford y el gigante tecnológico Xiaomi para producir vehículos eléctricos en suelo estadounidense han corrido como la pólvora, obligando a ambas compañías a salir al paso de forma inmediata.
Ante la magnitud de la noticia, portavoces de ambas firmas han negado categóricamente que existan conversaciones para una colaboración de este tipo. Una respuesta seca y directa que busca calmar unas aguas que bajaban muy revueltas, especialmente tras las constantes muestras de admiración de Detroit hacia el progreso tecnológico chino.

Un romance que venía de lejos (o eso parecía)
No es ningún secreto que en Ford hay una fascinación absoluta por lo que Xiaomi ha conseguido en tiempo récord. El propio Jim Farley, CEO de la marca del óvalo, admitió hace meses que conduce un Xiaomi SU7 a diario y que "no quería soltarlo". Para Farley, la compañía china es la "Apple de la automoción" y su tecnología está, hoy por hoy, un paso por delante de lo que se fabrica en Occidente.
Esta "obsesión" de Farley por entender a su rival -a quien ha llegado a definir como una amenaza existencial en una "pelea callejera"- fue el caldo de cultivo ideal para que los analistas empezaran a especular con una alianza estratégica. Producir juntos en EE. UU. habría permitido a Xiaomi saltarse los leoninos aranceles del 100% fijados por la administración Trump y a Ford absorber el know-how de una empresa que ha logrado lo que en Detroit todavía ven lejos: un coche eléctrico rentable, ultra tecnológico y a un precio razonable.

Por qué el no es definitivo (por ahora)
A pesar del desmentido, la realidad es que el contexto político y económico hace que este matrimonio sea casi imposible a corto plazo. Con la administración estadounidense endureciendo las reglas para cualquier componente o software de origen chino en vehículos conectados, una fábrica conjunta sería un suicidio regulatorio para Ford.
Por su parte, Xiaomi sigue centrada en escalar la producción del SU7 en China, donde la demanda sigue desbordada. Aunque la marca tiene la ambición de ser un actor global, su desembarco en mercados como el europeo o el americano todavía no tiene una fecha confirmada, y mucho menos de la mano de un socio histórico como Ford. El 2027 será el año en el que Xiaomi dé el salto a Europa.