Híbridos y Eléctricos

UN POCO DE GEOPOLÍTICA

Más allá del coche eléctrico, el motor de combustión está condenado a desaparecer

Los acontecimientos de los últimos años han demostrado la globalización a la que están sometidos todos los sectores industriales: en el caso de la industria del automóvil es a nivel mundial y eso es una condena para el motor de combustión.

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El motor de combustión está condenado a desaparecer. Los fabricantes deben asumirlo para prepararse lo antes y lo mejor posible para lo inevitable.

Una pandemia, los desastres naturales, las guerras, cualquier acontecimiento a nivel mundial lleva aparejado una interrupción en la cadena de suministro de las industrias provocando una serie de crisis en cadena en todos sectores económicos. Esta realidad es una verdadera condena para el motor de combustión, independientemente del combustible que queme y de si la electrificación del automóvil es más o menos vertiginosa.

Si cada país contara con un fabricante de automóviles local, cuya cadena de suministro estuviera aislada y solo dependiera del interior de sus fronteras, las cosas podrían ser diferentes. Se podrían aplicar intereses y legislaciones locales para mantener los negocios activos. Eso pasa en Corea del Norte, en Irán y, quizás, dentro de poco en Rusia. Pero el resto de países dependen de fabricantes externos cuya sede está en Estados Unidos, Europa, Japón, China o Corea del Sur. Ello son los que toman las decisiones sobre el tipo de vehículo que venderán en la mayor parte del mundo.

La excepción a esta regla puede ser la India. Con más de mil millones de personas y fabricantes propios (Tata y Mahindra), podrían decidir mantener vivos los motores de combustión en su mercado local y expandirse a países en los que los compradores no puedan pagarse un vehículo eléctrico. Sin embargo, esta decisión depende de si desarrollarlos es viable económicamente y eso solo pasará si se vende suficiente producto. Un precio asequible es el principal argumento para mantener a flote los motores de combustión, pero no es suficiente.

Aunque los fabricantes se ubican principalmente en cinco regiones, solo tres de ellas son las que realmente deciden la dirección de la industria automotriz: China, EE.UU. y Europa. Japón y Corea del Sur tienen grandes fabricantes de automóviles, algunos de ellos bastante reacios a los vehículos eléctricos en su etapa actual, pero no tienen la suficiente demanda interna como para que sus empresas puedan permanecer solo puertas adentro. La mayor parte de su negocio está en la exportación o la producción local en una de esas tres regiones decisivas.

Cada ciudad española deberá acoger una zona de bajas emisiones, según la petición de T&E
En algunas ciudades, incluso los vehículos con motor de combustión más limpio, no pueden circular por algunas áreas cerradas.

Si bien hay quien prefiere considerarlas como iguales, la relevancia entre estas tres regiones está muy desequilibrada. Aunque hay quien espera que los coches eléctricos chinos invadan otros mercados, realmente no lo necesitan. China es el país donde más vehículos se venden en el mundo, con una tasa de crecimiento que las otras dos regiones no pueden igualar.

El resto de mercados verán llegar los coches chinos, pero, en general, esta no es realmente la prioridad de estos fabricantes porque dentro de sus fronteras ya tienen a la mayoría de sus clientes. Un ejemplo de esta influencia china es como BMW decidió hacer crecer la parrilla delantera de sus coches adaptándose al gusto de los clientes chinos, mientras que estadounidenses y europeos tienen que aguantarse con un diseño que no es de su gusto. Esta decisión muestra lo importante que es China actualmente en la industria del automóvil.

En resumen, en este escenario, lo que los clientes decidan comprar en estas tres regiones es lo que el resto recibirá tarde o temprano. Dado que los principales fabricantes de automóviles se centran en vender en ellos su producto estará dirigido a lo que se demande allí. Una mala noticia para los motores de combustión puesto que las tres regiones están convencidas de su desaparición y de su sustitución completa por vehículos eléctricos.

Estos son allí una prioridad por dos razones. Las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y la escasez de petróleo. La actividad humana emite cargas masivas de carbono, metano y otros gases y contaminantes que aumentan el efecto invernadero. La mayoría de estas emisiones provienen de la quema de combustibles fósiles, que tienen reservas limitadas. Por eso, antes de la revolución eléctrica, la industria automotriz ya estaba buscando alternativas porque el petróleo no durará para siempre.

El riesgo de que los campos petroleros se agoten se unió a la preocupación de los gobiernos por la calidad del aire de las grandes ciudades, especialmente entre los que defienden y gestionan sistemas de salud universales. Los efectos de la contaminación en sus habitantes aumentan los costes sanitarios. Así, China buscó la solución en los vehículos que denominó, NEV (vehículos de nueva energía) con el objetivo de limpiar el aire de sus grandes megalópolis y prevenir problemas respiratorios en la población.

Es un gran error pretender que la demonización de los motores de combustión sólo tiene que ver con las emisiones de carbono aunque algunos de sus defensores quieren difundir este hecho como una verdad absoluta. Según Karl Haeusgen, presidente de la VDMA (Asociación de la Industria de Ingeniería Mecánica alemana), el problema son los combustibles fósiles. Pero no es así. Cualquier motor que no emplee este tipo de carburante también emitirá óxidos de nitrógeno, hidrocarburos, ozono y otros contaminantes porque están intrínsecamente relacionados con su funcionamiento, independientemente del combustible que los alimente, incluido el hidrógeno.

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Cualquier motor que no emplee gasolina o diésel también emitirá óxidos de nitrógeno, hidrocarburos, ozono y otros contaminantes porque están intrínsecamente relacionados con su funcionamiento, independientemente del combustible que los alimente, incluido el hidrógeno.

Lo que necesitaban los gobiernos era una alternativa viable. Cuando Tesla comenzó a vender el Roadster y Nissan llevó al Leaf a la producción en masa se demostró que los fabricantes podían desarrollar y vender vehículos alimentados por baterías. Antes, la alternativa eran las celdas de combustible porque no era previsible es que los compradores no aceptasen autonomías bajas, pesos elevados y sobre todo pasar mucho tiempo cargando sus coches. Sin embargo, muchos confiaron en que era la solución con la esperanza de que los avances tecnológicos mejoraran las cosas, como afortunadamente ha ocurrido.

Las preocupaciones sobre el calentamiento global, los riesgos de contaminación que aportan los motores de combustión y las protestas contra los automóviles tradicionales llevaron a los políticos a crear una legislación que lentamente convirtió el motor de combustión en algo poco práctico destacando su estado obsoleto. Solo tenían sentido cumpliendo unos requisitos cada vez más difíciles y eventualmente imposibles. Ahora, en algunas ciudades, incluso los vehículos con motor de combustión más limpio, no pueden circular por algunas áreas cerradas. Allí solo se puede entrar con un coche eléctrico.

Los motores de combustión precisan una gran inversión para su desarrollo. Eso explica por qué algunos de ellos tienen ya décadas de antigüedad. Los fabricantes de automóviles tienen que amortizar esa inversión utilizándolos durante el mayor tiempo posible. Las reglas de emisión los encarecen.

Los carburadores fueron sustituidos por sistemas de inyección de combustible para hacer que los motores fueran más limpios. Para cumplir con los requisitos legales, necesitaron catalizadores, EGR, sensores, filtros de partículas y muchos otros componentes. La inversión se completa con procesos para la reducción de peso y para aumentar la aerodinámica, buscando la eficiencia de los vehículos. Finalmente, la lógica hace que sea mejor poner un motor eléctrico y alimentarlo con una batería.

Si bien los países y regiones más ricas eliminarán el motor de combustión entre 2035 y 2040, sus defensores tenían la esperanza de que los países en desarrollo los mantuvieran con vida. Pero esto lo que está sucediendo ni lo que sucederá. Algunos fabricantes están cerrando fábricas en países como en India o Brasil. Y aquellos que no quieren deshacerse de sus inversiones en estos países están buscando alternativas como un parche temporal basándose en combustibles alternativos como el etanol.

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Los motores de combustión precisan una gran inversión para su desarrollo lo que explica por qué algunos de ellos tienen ya décadas de antigüedad.

Todos los fabricantes se están moviendo hacia arquitecturas eléctricas dedicadas. Eso hace que a las divisiones locales en los países emergentes les sea muy difícil desarrollar nuevos motores o convencer a los gobiernos locales para que flexibilicen los requisitos legales de los actuales para que puedan sobrevivir. Algunos de estos países contaban con centros de ingeniería, pero la mayoría ya han sido cerrados o trasladados a China, Estados Unidos o Europa. Los que permanezcan activos tendrán que justificar sus inversiones en mercados cuyo tamaño puede no valer la pena.

Para empeorar las cosas, estas divisiones locales no pueden encargarse de todo por su cuenta. Para seguir vendiendo motores, necesitan proveedores que mantengan un mercado suficientemente grande. Pero los que fabrican bujías, cables, pistones, válvulas, correas y otros componentes también están buscando diversificar su producto. Buscan alternativas en el mercado (eléctricas) y dejarán de fabricar aquellos productos que no tengan suficiente demanda. O eso, o el precio de estos componentes aumentará debido a una menor producción, encareciendo los motores de combustión. Y entonces, la razón de su existencia, su asequibilidad, desaparecerá.

Este escenario muestra lo difícil que será prolongar la vida útil de los motores actuales en cualquier parte del mundo. La estocada final es que muchas de las divisiones locales de los fabricantes no sobreviven únicamente con la demanda interna de los países emergentes. La mayoría son también plataformas de exportación a mercados más ricos que ya no quieren motores de combustión.

Lo que están haciendo los ingenieros para mantener los motores de combustión en producción puede calificarse de asombroso, pero no hay nada que pueda hacer para convencer a los clientes de que los compren. Además cualquier aumento en los precios del combustible empuja a más personas hacia los vehículos eléctricos. Esta es una realidad que deben asumir todos los fabricantes para poder prepararse lo antes y lo mejor posible para lo inevitable. 

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