El fabricante alemán ZF, uno de los grandes proveedores de componentes para la industria del automóvil, ha anunciado la suspensión de su división de bicicletas eléctricas tras la ruptura de su alianza estratégica con el fabricante Raymon Bicycles, que debía ser su principal socio comercial y de lanzamiento de producto.
La decisión se enmarca en una profunda reestructuración del grupo, en la que la rentabilidad a corto plazo se ha impuesto sobre la expansión en nichos como la micromovilidad.

Un proyecto prometedor que no llegó a consolidarse
La noticia, adelantada por Maillot Mag, confirma el repliegue de ZF de un segmento en el que había depositado grandes expectativas. Raymon, una marca conocida dentro del sector por sus bicicletas eléctricas y de montaña, era la clave para introducir en el mercado el motor CentriX, el corazón tecnológico del proyecto e-bike de ZF, y que se presentó por primera vez en Eurobike 2024.
El CentriX se concebía como un motor eléctrico para bicicletas de alto rendimiento: un sistema con 2,5 kg de peso, 90 Nm de par motor y 600 W de potencia pico en su versión inicial, que posteriormente fue actualizado para ofrecer 105 Nm y 750 W de potencia pico. Con ese rendimiento, la unidad estaba diseñada para competir directamente con sistemas consolidados de fabricantes como Bosch, Mahle o Shimano.
La visión de ZF iba más allá de un simple motor. Su ZF Bike Eco System integraba motor, baterías, unidades de control, conectividad en la nube y aplicación para fabricante y usuario. Raymon tenía previsto estrenar esta tecnología a principios de 2025 con su modelo de doble suspensión Tarok, visto ya en la feria Eurobike con un recorrido de 160 mm en la suspensión y una preparación orientada al uso Trail, aunque finalmente no llegó al mercado con el impulsor ZF.
Sin embargo, la salida de Raymon del proyecto ha dejado al sistema sin la “plataforma de validación” necesaria para su producción y distribución. La ruptura de la alianza, según diversas fuentes del sector, no fue motivada por negligencia de la marca de bicicletas, sino por decisiones internas del propio grupo ZF.

La financiación acaba con el proyecto
El abandono de la división de e-bikes se produce en el marco de un “Proyecto Verde” impulsado por ZF para reducir deuda y priorizar líneas de negocio que aporten beneficios más inmediatos. Tras la presentación del CentriX en 2024, la compañía ya había alertado de su intención de recortar hasta 14.000 empleos en Alemania hasta 2028 y reorientar recursos hacia la electrificación del automóvil y la optimización de sus actividades principales.
Además, otras divisiones de ZF relacionadas con la electrificación automotriz están siendo objeto de reestructuraciones y recortes de personal, como muestra la decisión previa de eliminar miles de puestos en la denominada Division E, que engloba tecnologías de propulsión electrificada.
El mercado europeo de bicicletas eléctricas ha sufrido una importante corrección en los últimos años, con un exceso de oferta, guerras de precios y una demanda más moderada tras el auge alimentado por la pandemia. Para un actor acostumbrado a los volúmenes y las economías de escala del sector automovilístico, mantener una red de soporte para bicicletas y e-bikes se ha convertido en un reto especialmente costoso y de márgenes ajustados.
Aunque ZF ha suspendido su actividad en e-bikes, la tecnología CentriX no queda necesariamente enterrada. Fuentes del sector sugieren que la propiedad intelectual y el desarrollo podrían estar en venta o en proceso de escisión para permitir que otra empresa más enfocada en el ciclismo retome el proyecto. Esto podría abrir la puerta a que el motor y la plataforma encuentren alojamiento bajo un nuevo paraguas corporativo.
Para Raymon Bicycles, la ruptura con ZF representa tanto una oportunidad como un desafío: por un lado, ha recuperado independencia en su desarrollo de productos; por otro, pierde el acceso a una tecnología diferenciadora que podría haber situado a la marca en un nuevo nivel de prestaciones. El futuro de Raymon y del propio CentriX ahora depende de cómo evolucione el mercado y de la capacidad de atraer socios o inversores dispuestos a asumir el relevo tecnológico.