Durante años, el gran argumento contra el camión eléctrico pesado ha sido casi siempre el mismo. Puede servir para el reparto urbano o para trayectos cortos, pero no para una operación internacional de verdad. Esa idea se va desvaneciendo con historias como la de esta noticia, una ruta de 1.700 kilómetros realizada con 12 toneladas de carga y con paso por cinco países europeos.
La operación ha tenido como protagonista a un DAF XF Electric y no se ha quedado en una demostración cerrada o puramente técnica. El vehículo salió desde East Midlands Gateway, en Reino Unido, y llegó hasta Haiger, en Alemania, dentro de un itinerario que incluyó también el cruce del Canal de la Mancha, un hito en Europa, y con varias recargas en ruta.

Un hito relevante con varios matices
El interés de este viaje está en que se ha desarrollado en uno de los corredores logísticos más relevantes entre Reino Unido y Europa continental. Sacar un camión eléctrico pesado de su entorno habitual y meterlo en una ruta transfronteriza con mercancía real cambia el marco del debate.
También conviene precisar cómo se produjo ese cruce del Canal de la Mancha. No fue en ferry, sino a través del Eurotúnel, un detalle importante porque sitúa la prueba en una infraestructura clave para el transporte de mercancías entre ambos lados del canal. En ese punto está buena parte del valor del recorrido, ya que no se trata solo de sumar kilómetros, sino de demostrar que un pesado eléctrico puede integrarse en un eje logístico de primer nivel.
La ruta fue impulsada por Kuehne+Nagel junto a LeShuttle Freight, Voltempo y DAF Trucks. Como ocurre en este tipo de pruebas, hay una parte inevitable de planificación muy medida, pero eso no resta interés al resultado. Más bien ocurre lo contrario. La electrificación del transporte pesado no se juega solo en la autonomía del vehículo, sino en la capacidad de encajar recarga, tiempos de conducción, carga útil y disponibilidad de infraestructura.
El camión eléctrico arrancó desde una instalación equipada con carga de alta potencia para vehículos pesados y, durante el trayecto, utilizó también puntos públicos preparados para este tipo de operaciones. Es decir, la ruta no depende únicamente del camión, sino de un ecosistema que todavía está en construcción, pero que empieza a ofrecer señales de viabilidad fuera del papel.

En el coche eléctrico particular, el debate gira desde hace tiempo en torno a la autonomía. En el camión pesado, en cambio, la cuestión central es otra. Lo decisivo es si una empresa de transporte puede mantener una operativa razonable sin disparar tiempos muertos, costes o complejidad logística. Este recorrido no resuelve del todo esa pregunta, pero sí demuestra que ya no es teórica.
El modelo utilizado en el viaje forma parte de una nueva generación de camiones eléctricos con cifras de autonomía mucho más competitivas que las de hace apenas unos años. Aun así, sería un error vender este caso como la prueba definitiva de que el diésel ha quedado atrás en la larga distancia. No es eso. Lo que muestra esta operación es que ciertas rutas ya pueden electrificarse si existe una preparación previa suficiente y una red de apoyo adecuada.
