La Comisión Europea fuerza apostar por el ‘Made in Europe’ y no atraer a fabricantes que traen todo de China y luego lo ensamblan

Europea plantea un giro estratégico para priorizar el valor añadido local, limitar los modelos basados solo en ensamblaje y fortalecer la soberanía industrial del continente.

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Stéphane Séjourné, vicepresidente ejecutivo de la Comisión Europea tiene claro el camino a seguir para proteger la industria automovilística local.
11/02/2026 10:00
Actualizado a 11/02/2026 10:00

La Unión Europea se prepara para redefinir su estrategia industrial frente a China. El objetivo es claro: disminuir la dependencia de componentes de bajo coste procedentes del país asiático y reforzar la producción con sello europeo en sectores clave como la automoción, las baterías y las tecnologías críticas. Así lo ha venido expresando el vicepresidente ejecutivo de la Comisión Europea responsable de Prosperidad y Estrategia Industrial, Stéphane Séjourné, quien advirtió de que la relación entre Europa y China “está en tierra de nadie” y necesita un replanteamiento profundo.

Desde Estrasburgo, Séjourné subrayó que Europa debe ser “más astuta” a la hora de definir sus vínculos económicos con Pekín, apostando por un modelo que garantice autonomía industrial y crecimiento sostenible a largo plazo.

Un modelo concreto, en el punto de mira

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La relación comercial entre China y Europa debe ser más favorable para nuestro continente.

Para Séjourné, “no es un buen modelo” el de fabricantes que se limitan al ensamblaje de vehículos en Europa con componentes importados íntegramente desde China. Considera que este enfoque genera empleo de bajo valor añadido y no fortalece las cadenas de suministro europeas. Por mucho que vendan en nuestro continente, Bruselas considera que este tipo de inversiones no garantizan una base industrial sólida ni una transferencia tecnológica real.

Séjourné quiso matizar que el problema no es la inversión extranjera en sí, sino su orientación. Bruselas distingue entre proyectos industriales estratégicos y otros de carácter cortoplacista, cuyo principal objetivo es esquivar aranceles sin integrar producción local ni innovación en Europa.

“La solución no pasa solo por mantener aranceles, pero tampoco por fábricas donde se ensamblen coches con todas las piezas chinas”, afirmó el vicepresidente comunitario. En este sentido, la Comisión reconoce que la apertura de centros de I+D y de plantas de ensamblaje de fabricantes chinos es algo positivo, pero insuficiente si no va acompañado de una producción local significativa.

Más estrategia y menos reacción

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Stéphane Séjourné trabaja en la futura Ley de Aceleración Industrial común para Europa.

La Comisión Europea asume que copiar la política arancelaria de Estados Unidos no es la respuesta adecuada. Desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, Washington ha endurecido su postura comercial frente a China, pero Bruselas considera que una estrategia basada solo en aranceles es reactiva y limitada.

La alternativa pasa por establecer condiciones claras de acceso al mercado europeo. Entre las propuestas que se estudian figura exigir que un porcentaje mínimo de los componentes de los vehículos vendidos en Europa se fabrique en territorio comunitario. Séjourné ha puesto sobre la mesa un umbral del 60%, junto con cláusulas que obliguen a cooperar en investigación, desarrollo y transferencia tecnológica. De hecho, el comisario europeo está siendo el encargado de elaborar la Ley de Aceleración Industrial, en la que se exigirá que el uso de fondos públicos europeos esté vinculado a la producción y al empleo dentro del territorio comunitario. El objetivo es el  “Buy European”.

Impacto directo en España

Este cambio de rumbo puede tener consecuencias relevantes para España, uno de los países europeos que más apuesta por atraer inversión extranjera en automoción. Bruselas insiste en que no se trata de cerrar la puerta al capital chino, sino de aprovecharlo para reforzar la capacidad industrial europea y evitar una dependencia excesiva.

Lo que sí hemos visto ya en España es la publicación de las condiciones para acceder a las ayudas a la compra de coches eléctricos e híbridos enchufables, lo que se denomina Plan Auto+. En el texto, se habla de la necesidad de un ensamblaje completo del vehículo y de que parte de la fabricación de la batería (puede ser el ensamblaje también) tengan lugar en Europa, como condicionantes para obtener la máxima ayuda. Un incentivo por tramos que busca revitalizar la producción europea, y que se adelanta a la futura normativa común pendiente de aprobación en nuestro continente.

En línea con el discurso sobre el Estado de la Unión de Ursula von der Leyen, la Comisión quiere avanzar hacia una relación más equilibrada con China: menos dependencia, más reciprocidad y mayor control estratégico. La industria del automóvil se convierte así en uno de los campos de batalla clave para definir la soberanía industrial europea en los próximos años.