Hace ya dos meses que BYD presentó en sociedad su nueva colección de tecnologías de última generación. Además de la segunda generación de sus baterías LFP tipo Blade, los de Shenzhen presentaron la red de carga pública más rápida del mundo; Flash Charging. La compañía promete tiempos de recuperación excelentes: del 10% al 70% en tan solo 5 minutos y carga casi completa (97%) en 9 minutos. Ahora, pruebas independientes han puesto en tela de juicio la calidad de estos sistemas al haberse generado mucho calor durante una de las demostraciones.
Durante la prueba de rendimiento, los sensores mostraron que la temperatura de los componentes internos del sistema de carga alcanzó los 76°C mientras el vehículo absorbía energía a potencias récord. Este dato ha provocado una división de opiniones entre los expertos sobre los límites térmicos del sistema actual y la seguridad de las celdas a largo plazo. La unidad probada ha sido un Fang Cheng Bao Tai 3 comprada en concesionario pero todavía no matriculada.
Ingeniería térmica y límites del hardware de carga

La carga ultrarrápida de nueva generación exige un esfuerzo extraordinario a toda la arquitectura eléctrica del vehículo. Para lograr tiempos de recarga mínimos, BYD utiliza intensidades de corriente muy elevadas que, por física elemental, generan calor por efecto Joule. Las altas temperaturas detectadas suelen localizarse en los semiconductores y conductores que gestionan el flujo de alta tensión.
Para evitar un grave deterioro de la batería, el sistema debe ser capaz de bombear refrigerante a gran velocidad para evitar que el calor se transfiera de los cables a las celdas. Un refrigerante especial -no agua- que controla la temperatura de la batería absorbiendo el calor. Además, el puerto de carga y el cableado interno sufren una dilatación mecánica debido al estrés térmico, lo que requiere materiales de alta resistencia.
La prueba de la discordia

Con el único fin de conocer de qué manera afecta a la batería la nueva carga ultrarrápida de BYD, un conocido influencer automovilístico local ha colocado sensores de temperatura externos, instalados cerca de la parte inferior del módulo principal de baterías y lejos de los tubos de refrigeración líquida. Según las mediciones de su equipo la temperatura máxima ha alcanzado los 76,42 ºC, mientras que los datos de diagnóstico del coche, según se informa, nunca llegaron a superar la barrera de los 71 ºC.
Tras el debate generado, el influencer ha dejado bien claro que la batería haya sido alterada de alguna manera, indicando que simplemente se habían colocado cinco sensores de temperatura en la superficie de las celdas. De hecho, si hubiese habido algún tipo de modificación en la batería la prueba no se podría haber llevado a cabo por el propio sistema de seguridad de BYD.
Según las mediciones publicadas, la diferencia de temperatura entre las ubicaciones de los sensores más calientes y más frías alcanzó los 6,5 °C durante la carga. El informe también ha señalado que las lecturas de temperatura de los sensores externos comenzaron a divergir de forma más notable de las temperaturas reportadas por el vehículo una vez que la batería superó aproximadamente el 70 % de su capacidad. Tras la publicación del vídeo, el debate se ha extendido rápidamente por las redes sociales locales. Muchos desconfían de que semejantes temperaturas pueden afectar significativamente a la durabilidad de la batería. BYD todavía no ha hecho declaración alguna al respecto.
Impacto en la percepción de la carga ultrarrápida
Este directo de BYD ha puesto sobre la mesa una realidad que a menudo queda oculta en las fichas técnicas: la carga rápida es un proceso mecánico violento para el coche. Mientras los fabricantes compiten por ofrecer cargas en menos de 10 minutos, Geely acaba de superar a BYD en potencia de recuperación, la física impone retos que solo pueden superarse con una ingeniería de refrigeración cada vez más compleja y costosa. Actualmente, BYD ha construido más de 5.000 estaciones de carga ultrarrápida en apenas un mes. Europa pronto empezará a disfrutar de ellas.
Fuente: Caishendao