No es ningún secreto que Honda, al igual que muchas otras compañías, están frenando sus ambiciones eléctricas. Los japoneses, al igual que muchas otras marcas, no han obtenido los resultados esperados con su gama 100% eléctrica. La inestabilidad del mercado y el despertar de China como gigante industrial ha causado estragos en las oficinas de Minato. Tras anunciar grandes inversiones y una hoja de ruta de lo más ambiciosa, Honda ha puesto los pies en la tierra. Toda la estrategia eléctrica ha sido paralizada, incluyendo coches e incluso fábricas que ni siquiera han llegado a construirse.
La compañía japonesa, que planeaba transformar su presencia en Norteamérica con una red integrada de producción de baterías y vehículos eléctricos en Ontario, ha decidido detener la inversión. Esta infraestructura era considerada una pieza clave para asegurar el suministro de componentes mecánicos en la región y beneficiarse de las ayudas fiscales locales. La cancelación supone un movimiento defensivo para proteger su rentabilidad mecánica, priorizando la inversión en tecnologías que ofrezcan un retorno más inmediato o adaptándose a un mercado que muestra una adopción más lenta de lo previsto inicialmente.
Impacto en la cadena de suministro de baterías y componentes

El proyecto cancelado no solo incluía el ensamblaje de vehículos, sino también una planta de materiales de cátodo y una instalación de producción de celdas de batería de última generación. Esta integración vertical buscaba optimizar el hardware del tren motriz eléctrico, reduciendo los costes logísticos y la dependencia de proveedores externos. Fue anunciada como una de las obras de ingeniería más avanzadas del momento, con un coste de construcción estimado en 11.000 millones de dólares, unos 9.361 millones de euros. Debería haber entrado en servicio el año que viene, pero las obras, como indican fuentes japonesas, han sido paradas.
La estrategia de Honda parece desplazarse ahora hacia una mayor flexibilidad en sus líneas de montaje. En lugar de apostar por una infraestructura dedicada exclusivamente al voltio, la marca busca sistemas de producción que permitan alternar la fabricación de mecánicas híbridas y eléctricas según fluctúe la demanda del mercado. Honda ya ha reconocido y asegurado que durante los próximos años se centrará en los híbridos. Este enfoque permite amortizar mejor la inversión en hardware industrial y reducir el riesgo ante cambios en las normativas de emisiones de diferentes países.

A pesar de este revés en Canadá, Honda mantiene su objetivo a largo plazo de que el 100% de sus ventas sean vehículos de cero emisiones para 2040. Sin embargo, el camino hacia esa meta se realizará con una cautela mecánica mucho mayor, asegurando que cada paso industrial sea financieramente sostenible. La compañía prefiere ahora refinar sus motores híbridos de alta eficiencia, que siguen siendo un pilar fundamental de sus ingresos, mientras el mercado eléctrico alcanza la madurez necesaria. Además de la fábrica, Honda ha clausurado otros tres proyectos de coches eléctricos ya empezados.
Reacciones industriales y futuro de la movilidad en Norteamérica
La retirada de Honda de Ontario deja un vacío importante en los planes de electrificación del gobierno canadiense, que había apostado fuertemente por atraer a la industria asiática. Para el sector automotriz, este movimiento es una señal clara de que la carrera por el coche eléctrico está entrando en una fase de consolidación donde la eficiencia industrial y la gestión del stock son más importantes que la expansión acelerada. Tras la retirada de Honda, China busca abrirse hueco en Canadá, considerado, junto con México, la puerta de entrada al vasto mercado norteamericano. En su momento, el propio CEO de Honda, Toshihiro Mibe, reconoció que “no tenemos ninguna posibilidad contra esto” tras visitar una fábrica en China.
Fuente: Nikkei