Dentro de Europa, aunque cada país es un mundo en sí mismo y hace lo que le apetece, dentro del margen que le deja el organismo superior, en términos generales vamos más o menos a una en algunos aspectos. Uno de ellos es el de la movilidad más limpia para combatir la contaminación. Eso ha hecho que en muchos lugares se sea más estricto con los límites de velocidad, ya que a ritmos más moderados baja el consumo y, en consecuencia, las emisiones. Por eso llama la atención que alguien haya decidido ir en dirección completamente opuesta.
En pleno debate climático y de seguridad vial en Europa, un país de la Unión Europea ha sorprendido al optar por poner a prueba un límite de velocidad de 150 km/h en autopista, un movimiento que parece contradecir las estrategias medioambientales y de sostenibilidad promovidas desde Bruselas. Es la República Checa.
A 150 km/h, pero solo en condiciones específicas
Se ha convertido en el primer país de la UE en lanzar un proyecto piloto que permite a los conductores circular hasta 150 km/h, aunque solo en un tramo de 50 kilómetros de la autopista D3, entre Tábor y České Budějovice, y siempre que tanto las condiciones meteorológicas como las de tráfico sean estrictamente favorables.
Esta iniciativa pionera, que comenzó a finales de septiembre de 2025, está diseñada como una prueba con límites dinámicos: sólo cuando el clima es bueno, el tráfico fluye con normalidad y no hay obras o incidencias, los paneles electrónicos autorizan la velocidad más alta; en caso contrario, el tope vuelve a 130 km/h, el estándar para muchas autopistas europeas, aunque en España nunca sea mayor de 120 km/h y en muchas secciones incluso baje a 100 km/h.

Desde el Ministerio de Transporte checo se defiende que el uso de señalización variable y sistemas de control en tiempo real permitirá gestionar esta mayor velocidad de forma segura. Sin embargo, la medida ha abierto un intenso debate entre expertos, autoridades de otros países e instituciones europeas, que apuntan al impacto negativo que podría tener en términos tanto de emisiones contaminantes como de seguridad vial.
Muchas voces en contra
El movimiento se entiende como algo completamente contrario al espíritu de las políticas europeas destinadas a la reducción de emisiones, ya que elevar los límites de velocidad tiende a incrementar el consumo de combustible y, con ello, las emisiones que se producen por kilómetro recorrido. De hecho, en contraste con esta iniciativa, varias naciones europeas han optado por reducir los límites de velocidad para mejorar la calidad del aire y la seguridad vial. Naciones como los Países Bajos o Suiza han considerado bajarlos incluso por debajo de los 120 km/h, priorizando la sostenibilidad y la reducción del ruido y la contaminación.
La República Checa justifica su posición con argumentos como la libertad de circulación, la confianza en los avances tecnológicos que están presentes en los vehículos modernos y la gestión activa de las infraestructuras, para garantizar que las carreteras estén en buenas condiciones. Sin embargo, organizaciones ambientalistas y expertos está en contra, y no solo por el debate medioambiental, también por la seguridad vial.
Las cifras de siniestros viales, tradicionalmente, han asociado velocidades más altas con una mayor probabilidad de verse inmerso en un accidente, porque los tiempos de reacción son menores ante cualquier tipo de improviso, pero además los choques a velocidades superiores también implican mayores consecuencias para los ocupantes. Las autoridades checas aseguran que sus sistemas de aviso y señalización adaptativa mitigarán estos riesgos, pero el argumento no termina de convencer a todo el mundo.

