El mundo del motor eléctrico ha vivido durante años bajo la promesa de las baterías de estado sólido, ese "santo grial" que jura acabar con los tiempos de carga eternos y con las paradas habituales. Tal y como apuntan desde Estados Unidos, QuantumScape ha inaugurado oficialmente su línea de producción piloto, bautizada como Eagle, en sus instalaciones de San José, California. El momento llega en el decimoquinto aniversario de la empresa.
Esta apertura no es un evento corporativo más. Según Tim Holme, CTO y cofundador de la compañía, la línea Eagle representa la superación del desafío más grande de la industria: escalar la producción desde prototipos de laboratorio hasta celdas comerciales capaces de alimentar un vehículo real. Tras años de investigación, la tecnología abandona el banco de pruebas para entrar en una fase de fabricación automatizada que servirá de modelo para las futuras gigafábricas de sus socios estratégicos.

El secreto está en Cobra: el proceso que lo cambia todo
La verdadera revolución dentro de la línea Eagle tiene nombre de serpiente. El proceso Cobra es el método de fabricación propietario de QuantumScape para producir su separador cerámico sólido. En una batería convencional, el separador es una pieza de plástico que permite el flujo de energía a través de un líquido inflamable. En el diseño de QuantumScape, este componente es sólido y cerámico, eliminando la necesidad de líquidos peligrosos y del voluminoso grafito.
La integración de Cobra en la línea Eagle permite fabricar estas celdas de metal-litio de forma mucho más rápida y eficiente. Lo que antes llevaba días de procesamiento manual, ahora se realiza en cuestión de minutos mediante sistemas altamente automatizados. Este avance es el que permitirá que las baterías de estado sólido dejen de ser un objeto de lujo para convertirse en una tecnología licenciable que cualquier fabricante de automóviles podrá integrar en sus propias plantas.
Prestaciones de infarto: del 10% al 80% en 15 minutos
Los datos que arrojan las celdas QSE-5 que salen de la línea Eagle harían sonrojar a los mejores modelos actuales. Estamos hablando de una densidad energética de 301 Wh/kg (844 Wh/L), lo que permite almacenar casi el doble de energía en el mismo espacio que una batería de iones de litio tradicional. En términos prácticos, esto podría elevar la autonomía de un coche eléctrico convencional de 400 a más de 500 kilómetros sin añadir un solo gramo de peso extra.
Pero donde realmente brillan es en el cargador. QuantumScape promete que sus baterías podrán recargarse del 10% al 80% en menos de 15 minutos. La carga rápida no supondrá un gran problema de degradación. Las cifras aseguran que tras 1.000 ciclos de carga todavía se retiene el 95% de la capacidad original de la pila. No menos importante es el aspecto de la seguridad. Al carecer de componentes líquidos inflamables, el riesgo de incendio es prácticamente inexistente. Soportan temperaturas extremas sin degradarse, lo que simplifica los sistemas de refrigeración del coche.

¿Cuándo veremos estas baterías en la calle?
A pesar del optimismo reinante, Tim Holme mantiene los pies en el suelo. En una reciente entrevista, el CTO ha aclarado que la línea Eagle es una plataforma de demostración y validación. Las primeras celdas producidas se enviarán de inmediato a los socios automovilísticos (con Volkswagen a la cabeza a través de PowerCo) para pruebas de integración y certificación de seguridad.
La hoja de ruta es clara: QuantumScape prevé que sus baterías lleguen primero a vehículos de ultra alto rendimiento y bajas series de producción hacia finales de esta década. Una vez que la tecnología demuestre su madurez y estabilidad en estos modelos "halo", el salto al mercado de masas será solo cuestión de tiempo y escala industrial. El problema es que muchas empresas chinas han prometido sus baterías de estado sólido para mucho antes. Entre ellas Dongfeng, que sigue garantizando que las pondrá a la venta este mismo año. Chery, BYD y otras compañías chinas trabajan a destajo para reducir los plazos.