Cuando Longbow presentó su proyecto de deportivo biplaza eléctrico, se ganó los titulares por ser una empresa en la que estaban involucrados ingenieros que previamente habían estado trabajando en Tesla y Lucid. A pesar de ello, el coche en sí tiene argumentos más que de sobre para atraer la atención, sobre todo porque su misma concepción busca cambiar la percepción que se tiene sobre los vehículos de baterías.
Fundada en 2023 por Daniel Davey y Mark Tapscott, ahora el segundo ha concedido una entrevista a Carscoops en la que ha hablado de todo un poco respecto a la filosofía del proyecto.

La física como centro de todo
El primer punto que deja claro es el cambio de punto de vista que tiene su compañía respecto a otros actores de la industria. Mientras que muchos fabricantes buscan integrar en sus vehículos tecnología futurista que todavía no se ha aplicado en el mundo de la automoción, el enfoque de Longbow es diametralmente opuesto: utilizar componentes que ya estén probados de sobra y que tenga más que ratificada su fiabilidad.
Es un punto de vista que no es suyo originalmente, si no que admite que se lo transmitieron los fundadores originales de Tesla, Martin Eberhard y Marc Tarpenning: “Nos explicaron… que así es exactamente como querían construir Tesla hace 15 o 20 años”. El problema para ello es que por aquel entonces la cadena de suministro no estaba preparada para algo así, escollo que actualmente ya no existe: “Hay muchísimos proveedores que fabrican productos increíbles y que podemos aprovechar. La industria nos está apoyando en lo que hace”.
Tapscott explica que uno de los puntos fuertes de la compañía es que, como la mayoría de sus integrantes provienen de competiciones de motor o de start-ups, no han tenido que deshacerse a manías propias de fabricante grandes con toda su burocracia. Gracias a ello han podido poner el foco en lo que consideran que es clave: la física.

“Siempre volvemos a eso, al ‘por qué’ cada vez. Siempre es ‘por qué esto, vale, por qué aquello’, hasta que llegamos a la razón del primer principio de la física. Y muy a menudo, no hay una razón; es solo una elección”, explica. Con esto hace referencia a que en un coche eléctrico, especialmente en un deportivo, es necesario ir a lo básico, pero que funcione, para que cumpla su cometido sin tener peso de más que suponga un lastre para la experiencia de conducción.
Pone un ejemplo muy claro con la manera en la que se conciben las baterías: “Las células entran en una caja. Esa caja está en otra caja. Y luego entra en el vehículo, que es otra caja. Así que se terminan creando capas adicionales de peso y volumen innecesarios”. Su solución a dicho problema ha sido integrar directamente la estructura de la batería en el chasis.
Ahorrar todo el peso posible
Ese ahorro de peso es clave en cómo conciben el vehículo: “Nuestros ingenieros tienen dos tareas. Cada día, necesitan reducir al menos un gramo de cualquier cosa que diseñen. Y la segunda es que el mejor diseño que pueden hacer es no diseñar nada”. A pesar de ello, son conscientes que no pueden basar su filosofía solo en el minimalismo extremo y reducir todo a su mínima expresión: “Estamos añadiendo cosas… para darle un toque teatral. El disfrute del cliente es importante”.
Por último, respecto al sistema de propulsión, el prototipo que presentaron no daba cifras concretas de rendimiento, pero se afirmaba que tenía potencial para desarrollar hasta 900 CV. Esto es posible gracias a un sistema integrado por motores dentro de las ruedas, que apunta a ser prometedor, pero al que todavía le queda camino por delante: “Hay trabajo de desarrollo por delante en los motores de las ruedas. Creemos que definitivamente tienen futuro… porque ofrecen muchas más oportunidades dentro del vehículo”.
