China está invirtiendo para que el coche conectado pase del laboratorio a la calle con más rapidez y, sobre todo, con menos riesgos. En paralelo, el Gobierno ya ha puesto en marcha programas piloto de integración vehículo-carretera-nube en varias regiones para unificar criterios técnicos y avanzar hacia estándares comunes antes de 2026.
En ese contexto, el municipio de Chongqing acaba de inaugurar un nuevo laboratorio que busca un objetivo muy concreto, provocar el fallo antes de vender. La instalación, operativa desde el 8 de febrero, concentra en un mismo espacio coche real, tráfico dinámico y climatología simulada para repetir escenarios límite con precisión y detectar puntos débiles de los sistemas de conducción inteligente antes de la producción en serie.

Un laboratorio para estresar la conducción antes de la producción
El Gobierno chino describe el proyecto como el primer laboratorio del mundo que integra en un mismo espacio un coche real, un tráfico dinámico y una simulación climática coordinada. El recinto supera los 5.000 metros cuadrados y pretende cerrar la brecha entre los ensayos de laboratorio y los incidentes impredecibles de la carretera que ponen en apuros a cámaras, radares y algoritmos.
La parte que más llama la atención es el sistema de arrastre inteligente, diseñado para reproducir interacciones exigentes con otros usuarios de la vía. Puede remolcar vehículos a velocidades de hasta 130 km/h, por encima del estándar habitual de 100 km/h que se cita en este tipo de bancos, y con ello se busca recrear maniobras rápidas y situaciones de alto estrés para la percepción y la planificación.

El laboratorio también incluye una zona de ensayo de unos 300 metros cuadrados con cuatro carriles y un sistema de banco que permite variar parámetros como la fricción para simular adherencias distintas. La idea es poder repetir de forma controlada escenarios de hielo, mojado o baja adherencia y medir cómo responde el vehículo cuando el sistema de asistencia o automatización se enfrenta a límites físicos.
La otra gran pata es la simulación ambiental, con ajuste de lluvia, niebla y luz para forzar transiciones rápidas que en carretera son difíciles de capturar con seguridad y repetibilidad. Este tipo de pruebas apunta a uno de los puntos críticos de la conducción asistida, cuando cambia la visibilidad y el sistema debe mantener el control sin falsas detecciones ni pérdida de referencias.
La finalidad declarada es elevar el listón de la verificación antes de la producción en serie, especialmente para vehículos con funciones L2 y con ambición de dar el salto a L3 en escenarios concretos. En la práctica, este tipo de instalación busca acortar tiempos de validación, automatizar parte de los ensayos y reducir la dependencia de pruebas en vía pública para cubrir casos límite, que son los que acaban marcando la diferencia en seguridad.
Cuando se habla de dinero conviene matizar para no inflar cifras. La información oficial no publica el coste del laboratorio de 5.000 metros cuadrados por separado, pero sí lo encuadra dentro de la base de Jinfeng, un complejo de pruebas más amplio con una inversión citada de más de 370 millones de euros. Esa base de Jinfeng se describe con una superficie de más de 600.000 metros cuadrados.
