La presidenta de Italia, Giorgia Meloni, y el canciller alemán, Friedrich Merz, se han reunido en Roma y han escenificado un frente común sobre competitividad industrial en plena revisión del rumbo europeo para el automóvil, con el horizonte del 2035 como telón de fondo y un próximo hito político marcado en rojo: la cumbre extraordinaria de líderes de la UE del 12 de febrero.
Tras el encuentro, la primera ministra italiana reivindicó que el entendimiento entre ambos países ya ha tenido efectos en la agenda comunitaria y pidió pasar del gesto a la ejecución, siguiendo de cerca la aplicación de los principios acordados para dar “una proyección de medio y largo periodo” a un sector clave.

La UE afina el plan de CO₂ y abre la puerta a más tecnologías
El contexto inmediato es el paquete de medidas presentado por la Comisión Europea el 16 de diciembre de 2025, diseñado para sostener al sector en la transición y, al mismo tiempo, introducir elementos de pragmatismo regulatorio para una industria sometida a presión tecnológica y competitiva.
En ese paquete se incluye una revisión de las normas de CO₂ para turismos y furgonetas con un giro relevante en el objetivo final. La propuesta sitúa en el 90% la reducción exigida para 2035 y deja un 10% a compensar mediante mecanismos como acero de bajas emisiones o créditos asociados a e-fuels y biocarburantes, lo que abre una ventana para que convivan más tecnologías después de 2035, bajo una contabilidad de emisiones más compleja.
A esa arquitectura se suman incentivos orientados a producto y cadena de valor. Europa introduce “supercréditos” para una nueva categoría de pequeños eléctricos asequibles fabricados en la UE y acota el perímetro de estos coches a modelos de hasta 4,2 metros, además de impulsar un decreto de simplificación y un plan de impulso a baterías como el Battery Booster.
Meloni saca pecho
Es en ese marco donde Meloni lanzó el mensaje más llamativo al sacar pecho por el giro político. “Hemos logrado evitar el mandato de vehículos totalmente eléctricos para 2035", afirmó al enumerar lo que, a su juicio, ya han logrado Italia y Alemania, aunque añadió que los objetivos siguen siendo “demasiado tímidos” y que “hay que hacer mucho, mucho más”.
Merz, por su parte, colocó el automóvil en el centro de la conversación industrial y competitiva. “El automóvil es un pilar central tanto en Alemania como en Italia”, dijo, al subrayar que ambos gobiernos quieren “encontrar las mejores soluciones” para mantener la competitividad en un momento de transformación del mercado.

Más allá de 2035, Reuters encuadra la cita como el lanzamiento de una alianza “pro-industria” que reclama menos carga regulatoria y más política industrial europea, con prioridades explícitas en sectores como automoción y energía intensiva. En la rueda de prensa, Meloni llegó a sostener que la transición ecológica de la UE ha “puesto a nuestras industrias de rodillas”, en una crítica directa al impacto del Green Deal.
La dimensión económica explica parte de la urgencia política. Según la guía estadística de ACEA, Alemania fabricó 3.942.396 turismos en 2024, mientras Italia se quedó en 309.336, muy por detrás también de España, con 1.872.988 unidades, una brecha que condiciona empleo, inversión y poder de negociación en Bruselas.
Con todo, el cambio normativo aún está lejos de ser definitivo. La propuesta comunitaria debe negociarse con Parlamento y Consejo, y en paralelo se abre una fase donde cada capital intentará afinar la letra pequeña de los créditos, los porcentajes y los requisitos técnicos que determinarán, en la práctica, qué puede venderse y en qué volumen tras 2035.

La última línea del Gobierno italiano sobre el automóvil
El mensaje de Meloni en Roma insiste en una idea que el Ejecutivo italiano viene repitiendo. Italia quiere que la transición no se traduzca en pérdida de competitividad y defiende que la cooperación con Alemania ha servido para reabrir el debate sobre CO₂, con el automóvil como objetivo estratégico para dos potencias industriales.
En paralelo, dentro del propio Gobierno y su mayoría han proliferado lecturas triunfalistas del giro comunitario. En diciembre, el ministro de Exteriores Antonio Tajani celebró públicamente que “hemos frenado” el stop de 2035, una formulación política que anticipa el tipo de batalla narrativa que acompañará a la negociación europea de los próximos meses.
También hay una apuesta clara por la neutralidad tecnológica, con especial interés en que los mecanismos de compensación reconozcan combustibles alternativos. La propuesta de Bruselas contempla créditos vinculados a e-fuels y biocarburantes dentro del 10% a compensar, un punto que encaja con las prioridades defendidas por Italia en este debate.

