El camino hacia la electrificación total se ha encontrado con un obstáculo recurrente: la ansiedad por la autonomía en los viajes de larga distancia. Aunque los puntos de carga proliferan en las carreteras, el usuario medio sigue mirando con recelo la capacidad de los vehículos eléctricos puros para cruzar grandes distancias sin esperas prolongadas. Renault parece haber encontrado una solución que no pasa por fabricar baterías cada vez más grandes, sino por un cambio de concepto radical.
La firma francesa está evaluando seriamente la implementación de lo que denominan un “superhíbrido”. No se trata de un híbrido convencional ni de uno enchufable al uso, sino de un vehículo eléctrico de autonomía extendida (EREV). Este movimiento estratégico busca combinar lo mejor de dos mundos para que el conductor no tenga que elegir entre sostenibilidad y libertad de movimiento, marcando un posible punto de inflexión en la hoja de ruta de la compañía para los próximos años.

¿Qué es exactamente el “superhíbrido” de Renault?
El concepto que Renault tiene sobre la mesa se basa en un sistema de propulsión eléctrica donde las ruedas son impulsadas siempre por un motor eléctrico. La gran diferencia respecto a un coche de combustión o un híbrido tradicional radica en el papel del motor térmico. En lugar de estar conectado a la transmisión para mover el vehículo, este motor de gasolina actúa exclusivamente como un generador de energía a bordo. Su única misión es alimentar la batería o enviar electricidad directamente al motor eléctrico cuando las reservas se agotan. Como cualquier otro de los cada vez más habituales Eléctricos de Rango Extendido (EREV).
Esta tecnología permite que el coche funcione con la suavidad y el silencio de un eléctrico la mayor parte del tiempo, especialmente en trayectos urbanos y cotidianos. Sin embargo, cuando llega el momento de afrontar un viaje de largo recorrido, el motor térmico entra en juego para mantener el flujo de energía de forma constante sin necesidad de detenerse en un cargador de alta potencia cada poco tiempo. Según las estimaciones que maneja la marca, este sistema podría estirar la autonomía total combinada hasta alcanzar los 1.000 kilómetros.
Adiós a la tiranía de las baterías gigantes y pesadas
Uno de los mayores problemas de los coches eléctricos actuales es el peso excesivo y el elevado coste de las baterías de gran capacidad. Para lograr autonomías reales que superen los 500 kilómetros en autopista, los fabricantes se ven obligados a instalar paquetes de 80 o 100 kWh. Esto no solo dispara el precio final del vehículo para el consumidor, sino que también lo hace menos eficiente debido al lastre que supone transportar cientos de kilos de celdas de litio.
La propuesta de Renault con su Súper Híbrido permitiría reducir el tamaño de la batería prácticamente a la mitad, situándose en un rango de entre 30 y 40 kWh. Al equipar una batería más pequeña, el coche resulta considerablemente más ligero y, lo más importante, su producción es mucho más barata. Esta reducción de costes podría ser la llave maestra para que los modelos eléctricos de los segmentos superiores vuelvan a ser competitivos frente a las motorizaciones tradicionales.

Un motor generador compacto para los segmentos C y D
El diseño técnico, conocido internamente como C15, contempla el uso de un motor de combustión sumamente compacto, con una cilindrada aproximada de 1,5 litros. Este bloque no necesita ser extremadamente potente ni contar con sistemas de transmisión complejos, ya que siempre trabaja en su rango de revoluciones más eficiente para generar electricidad. Es lo que internamente se visualiza como un motor del tamaño de un maletín, diseñado para ocupar el mínimo espacio posible bajo el capó.
La nueva plataforma vehicular, que sustentará los coches eléctricos compactos y medianos de Renault a partir de 2028, está diseñada para lograr una reducción de costes del 40 % en comparación con la arquitectura actual de coches eléctricos CMF. Inicialmente, permitirá una versión de producción del prototipo Emblème (en la imagen), considerado un posible sucesor del Mégane. Renault espera atacar principalmente los segmentos C y D.