La presa de los Caballeros, en el término municipal de Montejaque (Málaga), es uno de los ejemplos más singulares de gran infraestructura hidráulica que nunca llegó a cumplir su función. El proyecto comenzó a gestarse en 1917 con el objetivo de regular el río Campobuche (o Gaduares) y generar energía hidroeléctrica para la Serranía de Ronda, una comarca entonces aislada y con escaso suministro eléctrico.
La obra arrancó en mayo de 1923 y el resultado fue una estructura pionera: una presa de tipo bóveda, la primera de este sistema construida en Europa, con unos 83-84 metros de altura y una capacidad prevista de hasta 36 hectómetros cúbicos.

La presa fantasma que nunca funcionó
Sin embargo, el proyecto fracasó desde sus primeras pruebas. El emplazamiento, situado en un terreno kárstico y altamente permeable, permitía que el agua se filtrara a través de cavidades subterráneas vinculadas a la cercana cueva del Hundidero. A pesar de los intentos de sellado y de las intervenciones realizadas durante la década de 1930, el embalse nunca logró retener el agua, por lo que la central hidroeléctrica prevista jamás entró en funcionamiento.
Desde entonces, la presa quedó abandonada, convertida en una gran obra sin uso que simboliza el choque entre la ingeniería y la geología. Hoy el enclave, declarado Bien de Interés Cultural y rodeado de senderos y espacios naturales, se ha transformado en un punto de interés turístico y en un testimonio histórico de una de las grandes infraestructuras fallidas del siglo XX en Andalucía.

…Y llegaron 6 borrascas
La Estación vivió días de incertidumbre tras el desalojo preventivo de alrededor de 200 vecinos ante el riesgo de desbordamiento. La medida fue adoptada por precaución ante el aumento del caudal acumulado tras varios temporales consecutivos, especialmente las borrascas que han afectado a Andalucía en las últimas semanas.
La mayoría de los afectados optaron por alojarse en casas de familiares o amigos, mientras que 8 personas fueron trasladadas al polideportivo de Ronda habilitado para emergencias.
La situación generó inquietud entre los residentes, ya que el nivel del embalse llegó a situarse a escasos centímetros del límite de seguridad. En algunos puntos se detectaron filtraciones y ruidos procedentes de la estructura, lo que incrementó la percepción de riesgo entre la población, aunque los expertos insistieron en que la vigilancia era constante y que las decisiones se estaban tomando con criterios técnicos y preventivos.
El origen del problema está en las intensas precipitaciones registradas en la zona, una de las más lluviosas de España. En lugares cercanos como Grazalema se han acumulado registros excepcionales, con más de 500 litros por metro cuadrado durante el episodio meteorológico, lo que ha saturado el terreno y reducido su capacidad de absorción natural.
La presa, también conocida como pantano de Los Caballeros o del Hundidero, tiene una capacidad aproximada de 36 hectómetros cúbicos. Sin embargo, su historia la convierte en un caso singular dentro de la ingeniería hidráulica española.
Durante décadas, el embalse permaneció prácticamente seco, convirtiéndose en una curiosidad histórica y en un ejemplo de fallo de planificación por la falta de estudios geológicos adecuados. Paradójicamente, el mismo problema que impidió su funcionamiento la filtración del agua hacia el subsuelo, es el que normalmente evita situaciones de riesgo.
El agua suele desaparecer por el sistema kárstico que conecta con el complejo de cuevas del Hundidero-Gato y con el río Guadiaro. Pero en esta ocasión, el suelo se encontraba completamente saturado por las lluvias, lo que redujo su capacidad de drenaje y permitió que el nivel del embalse subiera hasta cotas nunca vistas.
Ante este escenario, técnicos de la Junta de Andalucía, Protección Civil y otros organismos activaron un dispositivo de seguimiento continuo. Las autoridades insistieron en que no existían indicios de una rotura estructural inminente, aunque el riesgo de rebose o de filtraciones incontroladas justificaba las evacuaciones preventivas.

El episodio se enmarca en un contexto más amplio de presión sobre las infraestructuras hidráulicas de la provincia, sometidas en las últimas semanas a una sucesión de borrascas atlánticas que han provocado desbordamientos de ríos, cortes de carreteras y cientos de desalojos en distintos municipios.
La presa de Montejaque es, además, una obra singular desde el punto de vista histórico y técnico. En su construcción participaron especialistas internacionales y más de 700 trabajadores, con el objetivo inicial de generar electricidad mediante el aprovechamiento del río Gaduares. El proyecto nunca pudo materializarse, y los intentos de reparación y estudio se prolongaron hasta 1947 sin éxito.
Un siglo después de su construcción, esta infraestructura fallida ha vuelto a situarse en el centro de la actualidad. No por su capacidad de producir energía ni por su valor patrimonial, sino por un hecho inédito: por primera vez, la “presa fantasma” que nunca logró retener el agua ha obligado a evacuar a toda una población ante el riesgo de inundación.