El mercado chino del vehículo eléctrico, el mayor del mundo, entra en una fase de ajuste que amenaza con transformar por completo su estructura. Tras años de expansión acelerada, el sector afronta ahora un proceso de consolidación marcado por la presión sobre los precios, el exceso de capacidad industrial y un cambio en el marco regulatorio.
El resultado apunta a un escenario con menos actores, mayor concentración y una competencia más dura entre los fabricantes que logren sobrevivir.

La locura de los coches eléctricos chinos
Durante los últimos años, las marcas han recurrido a descuentos agresivos, promociones continuas y financiación sin coste para mantener el volumen de matriculaciones. Esta estrategia ha permitido sostener el crecimiento, pero ha deteriorado la rentabilidad del sector y ha generado una espiral de competencia difícil de sostener.
Al mismo tiempo, las autoridades chinas han comenzado a intervenir para frenar prácticas comerciales que consideran perjudiciales para la estabilidad industrial y para evitar riesgos deflacionistas en la economía. La combinación de menor margen para competir en precio y estructuras de costes elevadas está poniendo contra las cuerdas a los fabricantes más pequeños o menos eficientes.
A esta presión se suma un problema estructural: la capacidad productiva instalada supera ampliamente la demanda real. Las plantas chinas pueden fabricar muchos más vehículos de los que el mercado es capaz de absorber, lo que ha reducido de forma significativa el nivel medio de utilización de las fábricas. Esta sobrecapacidad, acumulada durante años de inversiones impulsadas por incentivos públicos y expectativas de crecimiento continuo, está obligando al sector a un ajuste que ya se considera inevitable.
El proceso de consolidación no será inmediato ni homogéneo. Algunas compañías podrían evitar el cierre mediante fusiones, alianzas regionales o la especialización en nichos concretos. Además, los gobiernos locales, que han apoyado el desarrollo de la industria por su impacto en el empleo y la actividad económica, podrían intervenir para proteger determinadas empresas estratégicas. Este factor puede ralentizar la desaparición de marcas y prolongar la transición hacia un sector más concentrado.
Las consecuencias del ajuste no se limitarán al mercado doméstico. Ante la pérdida de cuota en China, muchos fabricantes buscarán crecer en el exterior para compensar la caída de ventas internas. Sin embargo, la expansión internacional presenta obstáculos relevantes, como aranceles, exigencias técnicas, redes comerciales aún limitadas o mayores costes de implantación en Europa y América.
Al mismo tiempo, la necesidad de dar salida al exceso de producción podría intensificar la llegada de vehículos chinos más competitivos en precio a los mercados internacionales, aumentando la presión sobre los fabricantes tradicionales.
Para los conductores europeos y españoles, este escenario combina oportunidades y riesgos. Por un lado, podría facilitar el acceso a modelos más asequibles y tecnológicamente avanzados. Por otro, las tensiones comerciales y las posibles medidas proteccionistas podrían encarecer o limitar esa oferta. Además, la desaparición de proveedores en China podría afectar a las cadenas de suministro globales de baterías y componentes electrónicos, con impacto en los costes y en los plazos de entrega para toda la industria.

El alcance del ajuste queda reflejado en las previsiones de las consultoras. Según AlixPartners, de las 129 marcas que comercializaban vehículos eléctricos e híbridos enchufables en 2024, solo 15 estarán financieramente sanas en 2030, concentrando hasta el 75 % del mercado nacional. En la misma línea, la vicepresidenta de BYD, Stella Li, advirtió durante el pasado Salón de Múnich que alrededor de 100 de las aproximadamente 130 marcas que operan actualmente en China podrían verse expulsadas del mercado si se mantiene la presión sobre los precios y las condiciones comerciales.
Incluso los grandes fabricantes no son inmunes. La propia BYD ha reconocido un cierto deterioro en sus resultados trimestrales debido al nuevo entorno regulatorio y a la reducción de incentivos, lo que obliga a revisar márgenes y previsiones. Sin embargo, para los grupos con mayor escala y solidez financiera, la desaparición de competidores podría traducirse en un mercado más estable y con menor presión directa en determinadas gamas.