Tesla vuelve a encontrarse con un muro regulatorio en Europa, y esta vez el obstáculo no es burocrático, sino técnico. El fabricante estadounidense está presionando para acelerar la aprobación de su sistema Full Self-Driving (FSD) en el mercado europeo, pero los reguladores mantienen serias dudas por un motivo concreto: el sistema sigue teniendo dificultades para detectar motos y bicicletas de forma consistente.
La cuestión ha cobrado relevancia tras confirmarse que la autoridad de homologación de los Países Bajos, la RDW, permitirá a Tesla iniciar pruebas supervisadas del FSD a partir de febrero de 2026. Aunque supone un avance, las autoridades dejan claro que estas pruebas no implican luz verde comercial y que los problemas de detección de vehículos de dos ruedas son una línea roja en el proceso de validación.
Las motos y bicis, el talón de Aquiles del FSD

A diferencia de coches y camiones, las motos y otros vehículos de dos ruedas presentan un desafío particular para los sistemas de visión artificial. Su menor tamaño, perfil estrecho y comportamiento dinámico complican su identificación, especialmente en cambios de carril, adelantamientos o cruces urbanos. En el caso de Tesla, diversos informes y vídeos documentados muestran situaciones en las que el FSD reacciona tarde o no reconoce a una moto cercana, obligando al conductor a intervenir.
Este punto es especialmente sensible en Europa, donde el uso de motos y ciclomotores es mucho más elevado que en Estados Unidos. Para los reguladores, aprobar un sistema que no gestiona adecuadamente este tipo de tráfico supondría incrementar el riesgo para uno de los colectivos más vulnerables de la vía.
Un sistema que promete más de lo que ofrece
Aunque su nombre sugiere lo contrario, el Full Self-Driving no es un sistema de conducción autónoma total. Tesla sigue exigiendo supervisión activa del conductor. Sin embargo, el marketing y el discurso público en torno al FSD han alimentado la percepción de que el vehículo puede conducirse solo, algo que preocupa a las autoridades cuando el sistema aún presenta carencias básicas como la detección fiable de motos. El CEO de Tesla, Elon Musk, dijo recientemente que la tecnología necesita llegar a los 16.000.000.000 de kilómetros de pruebas para llegar a ser totalmente seguro, pero eso no sería suficiente para el caso que nos ocupa.

En un entorno urbano europeo, con carriles compartidos, rotondas complejas y tráfico mixto, un fallo de percepción puede tener consecuencias graves. Por ello, la normativa europea exige pruebas exhaustivas en escenarios reales antes de autorizar cualquier despliegue a mayor escala.
Seguridad antes que velocidad
Tesla argumenta que acelerar la aprobación permitiría mejorar la seguridad global reduciendo el error humano. Sin embargo, los reguladores europeos consideran que no se puede compensar una limitación técnica con más usuarios actuando como “probadores” involuntarios. La filosofía europea es clara: primero la validación, después la expansión.
La RDW de Países Bajos ha subrayado que las pruebas previstas servirán precisamente para evaluar este tipo de fallos críticos. Si el sistema no demuestra una capacidad consistente para detectar motos en diferentes condiciones de tráfico y climatología, la aprobación comercial seguirá bloqueada.
Un debate que va más allá de Tesla
El caso del Full Self-Driving plantea una cuestión más amplia sobre el futuro de la conducción automatizada. ¿Debe priorizarse la rapidez de despliegue o la protección de los usuarios más expuestos? En Europa, la respuesta parece clara.
Mientras Tesla insiste en avanzar, los reguladores apuestan por la prudencia. Y mientras el FSD no vea con claridad a las motos, difícilmente podrá convencer a Europa de que está listo para circular sin supervisión humana.