La profunda transformación del sector de la automoción continúa exigiendo ajustes estructurales y económicos de gran envergadura a los fabricantes históricos. Jaguar-Land Rover (JLR), perteneciente al conglomerado indio Tata, ha anunciado un plan de reestructuración que contempla el despido de 4.000 trabajadores en el Reino Unido durante los próximos dos años. El objetivo persigue un ahorro operativo de 1.700 millones de libras, equivalentes a 1.980 millones de euros, buscando que las salidas tengan carácter voluntario y minimicen el impacto directo sobre las cadenas de montaje.
Esta decisión llega en un momento de fuerte presión industrial motivado por la intensa rivalidad frente a las marcas chinas de bajo coste y las exigencias derivadas de la transición hacia los sistemas de propulsión eléctrica. A este escenario se suma la aplicación de aranceles del 10% a las importaciones de automóviles en Estados Unidos, un destino comercial crítico que absorbe el 29% de las ventas totales del consorcio británico, así como las secuelas financieras de un grave ciberataque sufrido en octubre que generó un quebranto estimado en 2.210 millones de euros.
Caída en las ventas anuales y reajuste del umbral productivo

El balance del ejercicio fiscal 2025-26 refleja el deterioro de los volúmenes comerciales de la compañía. Las matriculaciones mundiales retrocedieron un 18% hasta quedarse en 352.389 unidades, lo que provocó una merma del 21% en la facturación neta, situada en 22.900 millones de libras (unos 26.650 millones de euros). Estas cifras derivaron en unas pérdidas netas después de impuestos de 200 millones de libras (230 millones de euros), contrastando con los beneficios de más de 2.000 millones de euros cosechados en el periodo precedente.
Para frenar esta sangría, la dirección liderada por su nuevo consejero delegado, P. B. Balaji, busca reducir la complejidad industrial y rebajar el punto de equilibrio operativo de sus líneas de producción hasta situarlo cerca de las 300.000 unidades anuales. Con esta medida se pretende garantizar la viabilidad industrial sin depender de una saturación continua de sus cuatro plantas productivas británicas, ubicadas en las West Midlands y en Merseyside.
Ofensiva con cinco modelos nuevos e inversión en plataformas electrificadas

A pesar del plan de contención de costes y de la negativa del Gobierno británico a ejecutar un rescate público para la empresa, el fabricante mantiene intacto su plan de renovación mecánica para los próximos doce meses, periodo en el que contempla el lanzamiento de cinco nuevos productos al mercado con el propósito de recuperar una tasa de crecimiento de dos dígitos, entre ellos el nuevo Range Rover Electric y el futuro Range Rover GT, además del lanzamiento definitivo del Jaguar Type 01. Mientras, en China, Land Rover ha recuperado la denominación Freelander, creando una gama paralela con la colaboración del Grupo Chery. El Freelander 8 es su primer producto.
El ahorro obtenido mediante este ajuste de plantilla servirá de soporte para sostener un programa de inversión masivo de entre 15.000 y 18.000 millones de libras (que alcanza los 21.000 millones de euros en su rango superior) a lo largo de los próximos cinco años. Estos recursos se destinarán de manera prioritaria a la adaptación de sus plataformas motrices para albergar mecánicas eléctricas puras, la modernización de los procesos de fabricación avanzada y la digitalización de sus sistemas para revitalizar la gama de vehículos todoterreno y de lujo.