Jim Farley, CEO de Ford, desafía a la industria: pide a Trump poder usar la tecnología de BYD en sus coches eléctricos

Ford busca una alianza estratégica con la administración Trump para integrar tecnología china en sus vehículos eléctricos y mejorar su competitividad global. Ya hay posibles acuerdos.

Donald Trump y Jim Farley durante una visita oficial a una de las fábricas de Ford.
Donald Trump y Jim Farley durante una visita oficial a una de las fábricas de Ford.
17/02/2026 13:00
Actualizado a 17/02/2026 13:00

El sector del automóvil vive un momento de máxima tensión diplomática y comercial. Jim Farley, el CEO de Ford, ha dado un paso al frente que podría cambiar las reglas del juego en Norteamérica. El máximo dirigente de la mayor empresa automovilística del país ha planteado a la administración de Donald Trump la posibilidad de permitir que los fabricantes estadounidenses se asocien con marcas chinas para producir vehículos en suelo americano.

Esta propuesta busca romper el bloqueo actual que sufren las empresas del gigante asiático debido a los aranceles y las preocupaciones de seguridad. Para Ford, el objetivo es claro: acceder a una tecnología que hoy lidera el mercado global para poder ofrecer coches eléctricos más asequibles y avanzados sin perder la soberanía industrial, creando empleo local y compartiendo beneficios.

Donald Trump
Trump siempre se ha mostrado reacio a la apertura tecnológica con China.

El dilema de la competitividad frente a China

La realidad de los datos es incontestable. China se ha consolidado como el mayor mercado de vehículos eléctricos del mundo, con casi 3 millones de registros solo en el último trimestre de 2025. Esta cifra ha impulsado las ventas globales por encima de los 4 millones de unidades por primera vez en la historia. Ante este escenario, Ford entiende que la colaboración es la vía más rápida para no quedarse atrás.

La propuesta de Farley implicaría la creación de empresas conjuntas (joint-ventures) donde la tecnología y los beneficios sean compartidos. Este modelo permitiría a las marcas chinas fabricar e introducirse en Estados Unidos, cumpliendo con la exigencia de contratar trabajadores locales, una condición que el propio Trump sugirió recientemente en el Club Económico de Detroit.

Una brecha que no deja de crecer

El año 2025 marcó un hito histórico: por primera vez, BYD vendió más vehículos en todo el mundo que Ford. Mientras la firma china superó los 4,6 millones de unidades (entre eléctricos y crossovers híbridos), Ford se quedó ligeramente por debajo de los 4,4 millones de unidades vendidas en todo el mundo. Esta pérdida de cuota de mercado es lo que está empujando a los directivos a buscar soluciones fuera de sus fronteras tradicionales.

Farley ya ha mantenido conversaciones con altos cargos del gobierno como el Secretario de Transporte, Sean Duffy, y el administrador de la EPA, Lee Zeldin. El argumento principal es que, sin esta apertura, la economía estadounidense corre el riesgo de estancarse tras un "telón de acero" comercial mientras el resto del mundo avanza con costes de producción mucho más bajos.

Alianzas en el horizonte: BYD y Geely

Los planes de Ford no son solo teóricos. La compañía ya ha explorado acuerdos específicos con gigantes como BYD y Geely. Con BYD, el interés se centra en la compra de baterías para vehículos híbridos fuera de Estados Unidos. Por otro lado, la asociación con Geely podría incluir la cesión de plantas infrautilizadas en Europa para fabricar de forma conjunta y compartir desarrollos técnicos.

De hecho, Ford ya está dando pasos en esta dirección en su propia casa. A finales de este año, comenzará a producir baterías de litio-ferrofosfato (LFP) en Michigan utilizando tecnología licenciada de CATL. Estas baterías son la clave para su futura plataforma universal (UEV), que dará vida a una nueva pickup eléctrica prevista para 2027.

El objetivo de los 28.000 euros

La meta final de esta integración tecnológica es el precio. Ford estima que su futura pickup eléctrica de tamaño medio, el primero de sus vehículos eléctricos universales, podría salir al mercado por unos 30.000 dólares, lo que equivale aproximadamente a unos 28.000 euros. Este precio la situaría en una posición muy competitiva, incluso por debajo del coste de propiedad de un Tesla Model Y.

Sin embargo, no todos en el sector están de acuerdo. General Motors ya ha manifestado su oposición frontal, advirtiendo que permitir la entrada de marcas chinas destruiría la cadena de suministro norteamericana y causaría una pérdida irreparable de cuota de mercado para las marcas locales.

Un futuro incierto en Washington

A pesar de los esfuerzos de Ford, el camino administrativo se presenta complicado. Aunque Trump ha mostrado cierta apertura bajo la condición de que se fabrique en suelo estadounidense, muchos oficiales de seguridad nacional mantienen sus advertencias sobre los riesgos de espionaje o dependencia tecnológica.

La próxima reunión entre Donald Trump y el presidente chino, Xi Jinping, será determinante para saber si Estados Unidos sigue los pasos de países como Canadá, que recientemente redujo sus aranceles a los vehículos chinos del 100% al 6,1% para fomentar la movilidad eléctrica asequible entre sus ciudadanos.